La justicia


Releyendo El Quijote, uno saca la conclusión de que en España, desde siempre, hemos convivido con la injusticia como algo natural y propio de nuestro talante. Nunca hubo en la colectividad aprecio por la Justicia, quizá como consecuencia del mal uso institucional que aquí se hizo de ella. De hecho, en la novela las dos personas más justas que encontramos, con un sentido natural y ético de lo que es bueno y malo, son un loco egregio (don Quijote) y un bandolero catalán (Roque Guinart, que aparece en la 2ª parte de la obra). Solo dos personajes salvables entre los cientos que se mueven por las páginas de la novela. Y es que Cervantes, heroico soldado en Lepanto, metido a funcionario recaudador después, probó en su propia carne los caprichos de la justicia al ser encarcelado en dos ocasiones por motivos nunca bien esclarecidos. Por eso, con mucho conocimiento de causa, vuelve una y otra vez sobre la codicia de los jueces y gobernadores, sobre la obscena evidencia del fraude y del cohecho. Todo ello contado con ironía, sin odio, pero con un deje evidente de pena y desengaño. En El Quijote se hace una disección de la Justicia de la España del momento, pero que sigue teniendo validez hoy. De este tema Cervantes hizo un retrato que no ha envejecido, que sirvió para aquel momento y que sigue teniendo vigencia. Porque, cambiando algunos nombres y algunas fechas, las cosas continúan siendo más o menos como entonces.

Estamos viviendo últimamente, en el terreno de la Justicia, tantos casos llamativos que no pueden dejar indiferente a nadie. Gente importante, condenada a años de cárcel, se libra de ella con total naturalidad, apenas sin fianza, sin retirada de pasaporte, y hasta con elogios a su «buen comportamiento durante el proceso judicial» o con una proclamación formal de «su arraigo social sobradamente conocido». Es cierto que la condena no es firme hasta que resuelva el Supremo. Puede que no haya, pues, ninguna ilegalidad, aunque eso no suponga estrictamente aplicar lo que los demás entendemos por justicia. Pero ya se sabe -lo decía también Cervantes- que una cosa es aplicar las leyes y otra ser justo. Los periódicos están llenos de noticias de chicos que por robar gallinas, bicicletas o unos pocos euros, dan con sus huesos en la cárcel, sin que nadie mueva un dedo por ellos. Son paradojas difíciles de comprender para la gente normal, cuando la Justicia se debiera entender por sí misma, sin necesidad de que ningún leguleyo tenga que explicárnosla. Y desde luego, que se ahorren lo de «la Justicia es igual para todos», porque estamos ya más que de vuelta: algo así se decía ya en tiempos de Cervantes...

Creo que fue J. Galbraith quien dijo que en estos tiempos se está produciendo un fenómeno histórico nunca visto antes: la revolución de los ricos contra los pobres. Siempre había sido al revés, pero es evidente que ahora mismo el autor americano tiene razón. Último ejemplo: estos días se están publicando los balances anuales de los bancos: todos ha ganado mucho dinero, y hablamos de números de muchos ceros. Sin embargo, ya no nos pagan nada por los modestos depósitos de ahorros, nos suben las comisiones por el mantenimiento de las libretas, nos cobran por sacar dinero del cajero, por hacer una transferencia, por ¡ingresar un cheque…! Ricos, insaciables y consentidos por quien debiera protegernos a nosotros.

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