Compra on line

Susana Luaña Louzao
Susana Luaña DE BUENA TINTA

SANTIAGO

30 nov 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

No sé si soy una gran defensora del pequeño comercio, lo que sí sé es que soy consumidora de productos de cercanía y del comercio de proximidad. Porque me gusta pasear a la vez que compro y charlar con los clientes y vendedores que conozco de toda la vida, dejarme aconsejar por su experiencia y alegrarme de que las cosas les vayan bien o entristecerme en caso contrario igual que ellos me desean a mí lo mejor y se preocupan si yo estoy preocupada. Es decir, hacer vida de barrio y crear comunidad. O sea, que si por mí fuese, las plataformas de venta a través de Internet se morirían de pena, porque no concibo comprar un pantalón sin probarlo ni vestir un jersey sin antes tocarlo. Pero hace dos meses caí en la tentación. A sabiendas de que me iba a arrepentir, compré unos zapatos porque me los metieron por los ojos con una foto atractiva y porque eran preciosos y porque jamás los vi parecidos en una tienda. Y digo compré porque al día siguiente ya me clavaron el importe en la cuenta, pero por mis zapatos sigo a la espera. Reclamé, sí; la primera vez por las buenas y en la segunda amenazando con una denuncia, y en las dos ocasiones recibí un mensaje en inglés que, en resumen, me pide paciencia y me dice que la cosa va para largo. Así que sí, supongo que soy una defensora del pequeño comercio, aunque haya sido crítica en ocasiones con el trato no siempre amable o con las reticencias de algunos comerciantes (no todos) a adaptarse a las necesidades de sus clientes de hoy en día, que no son las mismas de los de hace 50 años. Porque los pueblos, sin tiendas que los alegren y les den vida, se mueren. Y porque si yo me lo compro, yo me lo llevo.