Sanidad


Doy por hecho de que si escribes de la guerra de Siria y te quedas con la lectura más simple del conflicto es probable que tu ignorancia pase desapercibida durante cierto tiempo. Pero cuando algo toca de cerca, el desconocimiento, o lo que es peor, el engaño, tiene las patitas muy enanas.

Esto es lo que está ocurriendo con el debate sobre la sanidad, la ausencia de profesionales y el recorte de material y medios. Aún tengo muy presente los problemas de suministro de pilas para los aparatos de medir la tensión en el centro Concepción Arenal que sufrí en carne propia. También la explicación oficial del Sergas de por qué resulta imposible sustituir a los pediatras, ya que simplemente, no los hay, obliga a la repregunta de cómo es esto posible.

Conozco unas cuantas historias con nombres y apellidos que echan por tierra la teoría de que está en nuestro ADN coger las maletas y buscarse la vida en cualquier parte del mundo.

La intrahistoria de Galicia, y de esto sabemos todas las familias, está cargada de emigraciones por necesidad allí donde había más posibilidades. Lo que parecía parte del pasado, como determinados debates de estos días, parece condenado a repetirse dando nuevamente por buena esa manida frase de que la historia no conocida está condenada a repetirse.

Miles de personas han vuelto a salir a la calle para pedir una mejor sanidad. Lo hacen porque no hay debate posible sobre los recortes en este campo, porque los ojos que miran la realidad del sistema no están en la tele ni en un testimonio. Son los nuestros.

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