San Lourenzo


Hay barrios extraordinarios en los que las buenas noticias escasean. Es como si para sus residentes la rebanada de pan cayera continuamente del lado de la mantequilla. Así sucede con San Lourenzo y O Carme de Abaixo, enclaves privilegiados que en los últimos meses han asomado a los medios de comunicación por los casos de viviendas okupadas o por la ubicación en sus proximidades de emplazamientos frecuentados por toxicómanos con más jeringuillas que margaritas. Ninguna de esas realidades resta un ápice de belleza a un entorno bucólico que tiene a tiro de un hermoso paseo el corazón de Compostela y desde el que puede divisarse la catedral.

Estas y otras bondades son bien conocidas por decenas de extranjeros que están contribuyendo a reflotar esos barrios con la adquisición de viviendas. El hecho de que norteamericanos, británicos, portugueses o belgas estén dinamizando ese mercado inmobiliario, ya sea por motivos laborales o vacacionales, supone, además de un balón de oxígeno para el sector, un reconocimiento de lo mucho y bueno que ofrece esta ciudad. Pero también invita a reflexionar desde un nuevo punto de vista sobre las potencialidades de esa zona monumental que languidece para los vecinos y para el pequeño comercio mientras explota para los negocios hosteleros. Ese interés residencial en San Lourenzo evidencia que Santiago conserva un atractivo inmobiliario que bien podría rentabilizar para repoblar su casco histórico. Por eso es trascendental, al menos en materia de servicios, levantar la alfombra medieval y dotarlo de los equipamientos necesarios para vivir en este siglo.

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