Dejémoslo así

Ignacio Carballo González
Ignacio Carballo LA SEMANA POR DELANTE

SANTIAGO

Las aguas del pregón del entroido volvieron anoche a su cauce desde el balcón de Bendaña tras las irreverencias del año pasado que la rumorología, agitada de forma interesada aprovechándose de la ausencia de testimonios grabados, elevó a categoría de sacrilegio merecedor de cruzada con desagravio en la catedral y todo. Un episodio para el olvido que ahí debe quedar para no ser motivo de sonrojo ciudadano aireado a los cuatro vientos. Salvo que el periplo judicial abierto por una asociación de abogados cristianos lo devuelva a la actualidad después de que un juzgado compostelano admitiera a trámite su querella hace casi cinco meses. Porque este caso fue más propio de los tiempos de prohibición oficial del carnaval, de censura, de blanco y negro, de palio y mantillas. De otra época, por mucho que en el debate político actual pretendan imponerse argumentarios de un pasado nada edificante. Por todo ello, eran más que previsibles las referencias de Jabois, con elegancia, a la libertad de expresión, a la defensa del actor apostólico Carlos Santiago, el «blasfemo» pregonero, y al disfrute del carnaval. Y, por si acaso, que quede grabado, no vaya a ser que a alguien le dé por sentirse ofendido por elevar a las alturas del pazo de Bendaña, pagadas con dinero público y micro en mano, un «cajo en...» o cualquier otra inconveniencia de esas que están en la cotidianidad de la calle y que abundan en las coplas de carnaval. Dejémoslo así. Sin mordazas, sin censuras ni autocensuras, y con inteligencia. Disfruten del tiempo de entroido, que el miércoles pronto llega. Abstinencias, solo las que ustedes quieran.