Querido presidente...

Ignacio Carballo González
Ignacio Carballo LA SEMANA POR DELANTE

SANTIAGO

19 ene 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Tiene Sánchez Bugallo un reto mayúsculo, una prueba de fuego de su segunda etapa al frente del Concello. Lo es no solo por sus dimensiones inversoras sino, sobre todo, porque no depende directamente de él, pues las teclas que ha de tocar están en Madrid. Si fueran las de la gestión doméstica, el reto no sería de tan grueso calibre porque el terreno de casa lo tiene suficientemente dominado, como demuestra en estos primeros andares del mandato. Cosa distinta es lidiar con los ministerios y la presidencia del Gobierno; y que sean del mismo color político no garantiza nada, más todavía en este contexto pactista en el que se firman compromisos para dar y tomar, y con quien haga falta. Aun sin aventurar aquel guerrero «¡Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros!», Bugallo no lo va a tener fácil para defender en la Moncloa las cuatro grandes prioridades de la capital gallega, tres si damos por buena la tan demorada licitación del enlace orbital, que Fomento hizo pública en el tiempo de descuento del 2019. Sin menospreciar el empujón final para la depuradora y la eliminación de la oprobiosa cláusula de los 3,5 millones de viajeros que bloquea una estación de tren digna, para reverdecer los viejos laureles de la etapa más brillante de Compostela -en la que él tuvo parte- Bugallo debe conseguir la reactivación del Real Patronato, cuya última reunión data de un ya demasiado lejano 2003. Martiño Noriega hizo un amago hace casi tres años, cuando se presentó en la Zarzuela y entregó a Felipe VI una carpeta llena de literatura de proyectos por 243,4 millones de euros hasta el 2026, intentona enterrada bajo toneladas de urgencias de la política estatal. El bipartito de Pedro Sánchez no es el socio ideal para lograrlo, pero es seguro que Bugallo pondrá todo su empeño, igual que lo puso -en vano- con el gobierno de Zapatero. Su mejor aliado es el prestigio de una ciudad que, como él mismo dice en alusión al Consorcio, merece mucho más que vivir «con respiración asistida».