El alcalde Bugallo se ha convertido en la mejor prueba de que la experiencia es un grado. Es, en el fondo, una persona curiosa, porque tanto por edad como por haberse dado mil y una veces contra el muro de la burocracia debería ser cada día más conservador y temblar ante cualquier propuesta osada y transformadora de la ciudad que regenta. Y no es así.
Acaba de demostrarlo recogiendo el guante que le han lanzado los comerciantes del Ensanche, que para el visitante más parece algo adosado que uno de los dos pulmones de Santiago, y que en absoluto no es ni debe ser competencia con el otro, el histórico, sino un complemento idóneo con una potente oferta comercial. Así que sobre la mesa de Bugallo está la petición de una peatonalización blanda de Xeneral Pardiñas, con período de prueba este verano.
Vamos a esperar los resultados, pero a priori la idea traerá efectos beneficiosos. Por ejemplo, y fundamental, va a dar continuidad peatonal entre el casco viejo y el Ensanche rompiendo esa barrera psicológica que es Juan Carlos I (la avenida, no el rey emérito). Y porque tenemos ejemplos como el de Pontevedra donde dar prioridad al peatón frente al coche ha aumentado la calidad de vida.
Los que ya no tenemos pelo en la cabeza recordamos la fuerte lucha de un sector ciudadano para peatonalizar el casco viejo. ¿Alguien se atreve a decir que fue una medida errónea y que mejor es que aparquen los coches en los soportales de la Rúa do Vilar, como llegó a pasar? «É unha idea atractiva e interesante», decía el jueves el alcalde. Pues a por ella. Que la ciudad no puede quedarse parada simplemente esperando a ver si hoy también llenamos el Obradoiro (que obviamente hay que llenarlo).