Una ciudad monumental debe ser admirada en plano corto, pateando sus calles para admirar su pasado y su presente. Pero de vez en cuando también conviene calibrar su monumentalidad desde la visión panorámica, sobre todo si para llegar a lo alto se realizan placenteros -esforzados, también- recorridos a pie, mejor que en coche. Es el caso de los miradores que abrazan visualmente Santiago: el clásico popular de lo alto del Pedroso, junto a las torres de telecomunicaciones que iban a ser sustituidas y que nunca lo fueron por las diseñadas por sir Norman Foster, desde las que la capital también ganaría el mar. El mirador más urbano pero igualmente atractivo del monte de Deus, en la zona de Vite; el de la Cidade da Cultura, tras acceder al Gaiás a pie subiendo por los senderos serpenteantes del todavía casi desconocido Bosque de Galicia; y el de O Viso, por la Senda Mitolóxica recientemente habilitada por el Concello.