El pub poscovid que demuestra que en la noche de Santa Comba aún hay vida: «Competir con las orquestas en verano es difícil, pero la época de carnavales y Fin de Año aquí fue brutal»

Patricia Calveiro Iglesias
Patricia Calveiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

Jorge y Silvia hicieron resurgir en la rúa Galicia, en Santa Comba, el pub Maldita La Hora, tras hacer un buen lavado de cara al local que en su día dio cabida al Cromos. Llevaba un par de años parado y, como era propiedad del padre de este xalleiro aficionado a las motos (dueño de un taller de motos local, que construyó el edificio), decidieron sacarle partido.
Jorge y Silvia hicieron resurgir en la rúa Galicia, en Santa Comba, el pub Maldita La Hora, tras hacer un buen lavado de cara al local que en su día dio cabida al Cromos. Llevaba un par de años parado y, como era propiedad del padre de este xalleiro aficionado a las motos (dueño de un taller de motos local, que construyó el edificio), decidieron sacarle partido. ANA GARCÍA

Un matrimonio con ADN hostelero, Silvia y Jorge, dio un salto de fe en Maldita La Hora

19 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Es obvio que la movida en Santa Comba no es lo que era, como tampoco en Ordes, Melide, Santiago... Los locales y calles abarrotadas de gente solo se ven ya en ocasiones muy puntuales. Y, aunque el sector atraviese horas bajas, aún hay quien está dispuesto a hacer una apuesta en firme por él. Esta es la historia de Silvia Vázquez y Jorge López, el matrimonio que está detrás del resurgir poscovid de Maldita La Hora, dispuesto a demostrar que aún hay vida en la noche de Santa Comba.

Donde en otro tiempo estuvo el Cromos, la larachesa de 36 años y el xalleiro de 44 han montado un local decorado con mucho mimo y un poco de temeridad, con casi 50 lámparas de mimbre colgando del techo, asientos de terciopelo y una barra de madera maciza. «Queríamos hacer algo un poco diferente y, como somos unos enamorados de Indonesia, la decoración está inspirada en un país al que intentamos ir todos los años. Sabemos que hay muchos detalles que la gente no va a valorar, como poner una moldura por todo el frente, y las sillas de terciopelo en un local de copas no parece la mejor opción... pero no nos gusta hacer las cosas de cualquier forma y, en conjunto, genera un ambiente o atmósfera que hace que la gente se sienta más a gusto», indica Silvia, una mujer que lleva desde los 18 detrás de una barra. La pareja se conoció, de hecho, en una noche de fiesta, recuerda ella: «Yo estaba trabajando en Ponteceso y él había salido de copas».

Antes de eso, Jorge había trabajado de joven una temporada en el Titanic, cuando la marcha en Santa Comba estaba en su mejor momento. Juntos abrieron, allá por el 2011 el Giulietta, hasta el 2018. «Y, en medio de esto, tuvimos también en Carballo el American Dreams y el chiringuito de Malpica dos veranos. Fuimos dejando cosas y evolucionando hacia el mundo de los eventos privados, que se convirtió en nuestro principal trabajo desde el 2016 hasta ahora. Montamos Cousa Rica Cocktail Bar, que funciona sobre todo para bodas. La verdad es que no teníamos en mente volver a la noche, porque te vas haciendo mayor y te ves en un trabajo más tranquilo. El padre de Jorge tenía desocupado el bajo de Maldita La Hora, que llevaba un par de años parado porque la movida estaba bastante muerta. En el 2021 hubo un pequeño repunte, cuando empezaron a dejar que la hostelería reabriese y comenzó a reactivarse todo. Entonces se nos ocurrió hacer una reforma, que se nos fue de las manos, y reabrirlo».

ANA GARCÍA

En diciembre se presentaron de nuevo al público, con un nuevo concepto: «Se abre antes, a las 21.30, para tomar las primeras copas en un ambiente tranquilo y, a partir de cierta hora, se transforma en un local de copas de siempre, para el que le apetezca liarse un poco más». Además, hacen fiestas temáticas, eventos privados con comida y conciertos con música en directo para animar, sobre todo, la primera hora del sábado. «Competir con las orquestas en verano es difícil, pero la época de carnavales y Fin de Año aquí fue brutal», señala Silvia, quien asegura que la ubicación de Santa Comba sigue siendo un plus para atraer a clientes de otras partes de Galicia.

«Aquí viene mucha gente de Zas, Mazaricos, Negreira, Santiago, hasta de Coristanco, Cerceda, Ordes, Muros... incluso vino gente de A Coruña a pasar aquí la Nochevieja. No viene tanta gente como hace años, ni mucho menos, pero sí sigue atrayendo a personas de fuera porque esto queda muy céntrico y abarcas un radio muy amplio que queda a una hora o menos de aquí en coche».

De esta forma, la larachesa (de Paiosaco) y el xalleiro, compaginan ahora la actividad con su coctelería ambulante en la temporada nupcial con el local de la rúa Galicia y aseguran ser buenos socios tanto en el terreno sentimental como en el laboral. «Esto no es lo que era con Giuletta, donde solo cerrábamos dos días al año. Estábamos deseando que llegasen esos días para poder hacer algo diferente y no estar allí metidos. Con Cousa Rica tenemos el verano cubierto. Cada vez las bodas empiezan antes y acaban más tarde. De esta forma, seguimos trabajando con el local el resto del año y, en el verano, que suele ser flojo porque casi todo el mundo se va fuera, estamos abriendo igual aunque sea bajo mínimos», explica una pareja que en la campaña alta suele acabar su jornada en los enlaces hacia medianoche y luego se pasan por su pub hasta el cierre. 

 «La manera de salir cambió en todas partes. Antes no se concebía no salir todos los fines de semana y ahora invertimos dinero en otras cosas: todo el mundo viaja muchísimo, gastamos en ropa, en salir a cenar... sí que sigue habiendo un público, pero a los jóvenes les gusta mucho la verbena y beber en la calle. Entiendo que salir está caro para ellos y los sueldos no son buenos. Sin embargo aún queda una generación que está dispuesta a tomarse una copa en un lugar más tranquilo y que tiene que tener alguna alternativa para salir si le apetece alargar la noche, sobre todo en fechas señaladas. El típico local de antes, en el que no veías al que tienes a dos metros, creo que está un poco pasado de moda y queríamos ofrecer algo para ese público», matiza Silvia. 

También han dejado allí su propia huella, una que los transporta al sudeste asiático y a su primer viaje largo como marido y mujer. Confiesan que no tuvieron luna de miel como tal tras su enlace matrimonial y, al año siguiente, se fueron durante un mes a Indonesia. «Jorge no quería ir porque no le llamaba la atención y vino enamorado de aquel lugar. Algún día, nos gustaría vivir allí», cuenta su esposa. De este forma, han creado su propio pedazo de paraíso en Maldita La Hora, y afirman que «no sentimos que este sea un trabajo porque nos encanta».