Pudiera parecer que la precariedad en la que desarrollan su trabajo los servicios municipales de policía y bomberos es un asunto menor, silenciado bajo toneladas de burocracia, hasta el punto de que, quienes debemos llamar la atención con toda insistencia sobre este problema para que las administraciones espabilen, nos planteamos si no estaremos aburriendo a las ovejas. Pero ocurre que la obstinada realidad se impone y nos refresca la conciencia de que en ningún caso podemos bajar la guardia, porque tanta desidia puede situarnos ante un trágico episodio, que no debería producirse para precipitar las soluciones tantísimos años demandadas desde estas mismas páginas. En la noche de este viernes al sábado pudo pasar, y solo la providencia y la profesionalidad de bomberos y policías lo evitó. Pero no por ello hay que restar importancia al contexto. Hemos perdido la cuenta de los años, ya las décadas, que llevamos hablando de la necesidad del parque de bomberos comarcal, la pretendida panacea. El año pasado e incluso a principios de este, se nos vendió la moto de que en el 2025 sí, que ya va, que todas las administraciones están de acuerdo y solo resta el papeleo. Otra vez la burocracia. Esa noche, cinco bomberos de Santiago —los que había— consiguieron que el fuego de la cocina de la hamburguesería La Pepita, en el corazón de Santiago, no fuese a mayores y ardiese todo el edificio, al mismo tiempo que sus colegas de los servicios de emergencias de Brión y Padrón (¡!) hacían lo propio con un tren que estaba en vía muerta en la estación. El mundo al revés. Santiago estaba llamado a cubrir o reforzar los servicios de bomberos de su área con el no nato parque comarcal e incluso —la necesidad del otro con menos posibles obliga— sin él. Desconozco si hay una huelga de celo de los bomberos compostelanos porque el Concello no les paga la horas extras desde hace casi un año, igual que a los policías. Mientras, el gobierno local sigue aferrado a las maldades sempiternas de la tasa de reposición y el concejal de Facenda cuenta excusas que no entienden ni los más avezados consejos de administración del Ibex-35, como si la tasa y no la esclerosis múltiple del Concello fuese la causa. En fin, sigamos cruzando los dedos para que no pase nada mientras se empeñan en jugar con fuego.