Bendito ruido. El mediático. Mucho ruido, un verdadero estruendo, hace falta para que Compostela espabile. Para que espabilen, en primer lugar, quienes gobiernan, porque vamos mal. Y vamos peor cuando son ellos —los que gobiernan— quienes se quejan del ruido mediático desde sus tribunas. Eso hizo la alcaldesa el viernes en el proceloso pleno que aprobó el desbloqueo del pago de un año de horas extras atrasadas a bomberos y policías. ¿Acaso los ciudadanos deben permanecer callados ante una situación como la que aún están sufriendo, puesta en riesgo su seguridad por un Concello que no ha cumplido con obligaciones elementales adquiridas con sus trabajadores? ¿Acaso los medios de comunicación deben permanecer muditos en vez de cumplir con su responsabilidad de dar voz a todas las partes, explicar los problemas y estimular su resolución? ¿Acaso bomberos y policías no estaban en su derecho de decir basta frente a una situación de abuso laboral enquistada hace tiempo, agravada con el actual gobierno, que no supo acabar con ella? ¿Acaso ha habido una conspiración para poner en evidencia su incapacidad para resolver problemas que solo dependen del Concello, ante los que no pueden echar balones fuera culpando a otras administraciones? ¿Acaso fue forzado desde fuera de Raxoi el intercambio de acusaciones entre quienes gestionan estos servicios de seguridad (Compostela Aberta) y quienes los pagan (BNG)? Lo de siempre: cuando no hay a quien culpar de los fracasos estrepitosos, el problema es el ruido que generan o alimentan los medios de comunicación y no el que provoca el estallido de situaciones gravísimas que no supieron atajar a tiempo quienes tienen la obligación de hacerlo. Ya pasó antes en el mismo palacio, y quienes desde sus poltronas intentaron, con juego sucio, amordazar la crítica responsable en vez de afrontar los problemas con soluciones, poco tardaron en enfilar la vía de salida. Este gobierno está a tiempo de enderezar el rumbo y no despeñarse por ese camino. Tiene mucha materia para actuar y se le agota el tiempo. Apártese de los cantos de sirena y asome el oído a la calle: escuchará el clamor que emana del deterioro de los servicios públicos municipales. ¿Ruido mediático? Bendito ruido.