Hace unos días se inauguró en la pensión con encanto Siaba, en Sigüeiro, una habitación con el nombre del pintor Tino Cuesta. Asistieron al relajado acto más de dos docenas de personas. Una bonita y humana iniciativa de reconocimiento al trabajo durante tantos años de un artista local.
Pero ese acto tuvo dos caras. Una, la evidente, fue esa: la inauguración, el tono festivo, la justa alabanza al pintor y a la dueña del establecimiento por su iniciativa. Pero hubo otra que sirve de ejemplo no solo a la comarca sino, de divulgarse, al mundo entero: las palabras de Bea Domínguez —la propietaria— y del alcalde de Oroso, allí presente.
Por parte de la dueña, además de explicar el por qué se ponía tal nombre a una de las habitaciones, remarcó que estaban presentes tanto la máxima autoridad local como «miembros de la oposición, un diputado provincial y un senador». Porque, en efecto, como buenos ciudadanos allí acudieron de una parte de espectro político y de la otra, en un ambiente de respeto total, sin mezclar la muy necesaria política y sin sacar en absoluto a colación ninguna discrepancia. Un ejemplo de convivencia. En ese sentido, las palabras del alcalde fueron las justas, las que tenía que decir.
Por supuesto que ni son amigos ni coinciden a la hora de votar decisiones ni locales, ni en la Diputación provincial, ni en el Senado. La propia Bea Domínguez fue concejal de la oposición en otro municipio. Pero todos han sabido colaborar en la creación de esa atmósfera grata, de sana convivencia, demostrando que la crispación, el choque y el insulto no son inevitables. Sigüeiro acaba de demostrarlo. En muy humilde medida, cierto, pero modélica. Un aplauso a todos ellos.