La difícil convivencia con la enfermedad de Crohn: «Es muy frustrante que cada comida te siente mal, sin importar cuál sea»
SANTIAGO
Sara Quintela comenzó a tener problemas estomacales en el 2023, pero tardaron tres años hasta que acertaron con su diagnóstico
19 ago 2026 . Actualizado a las 10:28 h.Cuando en el verano del 2023 Sara Quintela comenzó a despertarse casi todos los días con el estómago revuelto, no se imaginaba que ese malestar inicial acabaría prolongándose durante casi tres años. Después de dieciocho años llevando una vida normal, de repente su cuerpo comenzó a «rechazar» su dieta habitual. Cada comida le generaba cólicos y casi cada mes tenía que dejar de consumir un alimento. Frustrada y sin respuestas, no fue hasta este 2026 cuando recibió un diagnóstico claro: tenía la enfermedad de Crohn.
Esta enfermedad crónica se caracteriza por generar una inflamación en el tracto digestivo. Suele manifestarse con síntomas muy fuertes de forma repentina, como dolor abdominal, pérdida de peso, diarrea y fatiga. Sin embargo, en el caso de Quintela, sus síntomas eran muy genéricos, lo que hacía dudar a los médicos. Inicialmente pensaban que se trataba de alguna alergia, y entre abril y mayo del 2024 le detectaron intolerancia a la lactosa y la fructosa. Una vez adaptó su dieta a sus nuevas restricciones, Sara comenzó a sentirse mejor, pero al poco tiempo volvió el malestar, y no hizo más que empeorar.
«Al principio no estaban seguros al cien por cien de que fuera una enfermedad. Pensaban que era algo mental, que yo me agobiaba y que por el estrés me sentaba mal la comida», revela. Aun así, comenzaron a realizarle otra serie de pruebas, pero el diagnóstico no llegaba y, por lo tanto, el tratamiento tampoco. «Me daban cita cada ocho o nueve meses de media», resalta Quintela.
Además, cuando le hacían las pruebas, tardaban meses en darle el resultado. Dos ecografías, una colonoscopia y una cápsula endoscópica después, los médicos consideraron que podía tratarse de la enfermedad de Crohn. En una consulta privada le recomendaron comenzar el tratamiento para la enfermedad, por lo que empezó a tomar corticoides. Al comprobar la buena respuesta de su cuerpo, finalmente pudieron confirmarle el diagnóstico.
Una espera de casi tres años
«Es muy frustrante que cada comida te siente mal, sin importar cuál sea», confiesa Sara Quintela. Y a la frustración del malestar se le sumaba la incertidumbre, que no hacía más que agravar el miedo que sentía cada vez que comía. Renunció a las frutas, al gluten, a los ultraprocesados, al azúcar, a las frituras y hasta a los condimentos. Todo lo que comía tenía que ser cocido, hervido y solo con sal, lo más básico posible para evitar los cólicos paralizantes. Sara comenzó a ir a una nutricionista, para no «perder» más alimentos. También intentó ir al psicólogo, para encontrar una forma de sobrellevar mejor la falta de un diagnóstico, pero rápidamente la despacharon, pues le dijeron que no podían hacer mucho por ella.
Finalmente, el pilar fundamental en estos tres años de espera fue el deporte. «Me ayudaba a estar menos inflamada pero, sobre todo, me ayudó psicológicamente. Era una forma de desconectarme», apunta. Ahora, poco después de conocer que su malestar era producto de la enfermedad de Crohn, Sara Quintela ya nota un gran cambio en su calidad de vida, aunque todavía le queda mucho tiempo para volver a tener una alimentación normal. «Afecta mucho a los planes sociales. No puedo realmente quedar para comer. O si lo hago, yo no puedo comer nada», destaca. Aun así, es optimista, pues desde que empezó su tratamiento, en junio pasado, cada vez tiene menos cólicos y, cuando aparecen, duran menos tiempo.
Al Crohn le suma otra enfermedad autoinmune: espondilitis anquilosante
En marzo de este año, cuando todavía no había sido oficialmente diagnosticada, Sara Quintela comenzó a sentir un dolor en la zona lumbar que se extendía a una de sus piernas. Casi sin poder caminar ni dormir, acudió nuevamente al médico, donde le indicaron que la molestia podía estar relacionada con el Crohn. La enfermedad no solo le generó úlceras en el intestino, sino que también provocó una inflamación que afectó a sus articulaciones. «Todavía no me han confirmado el diagnóstico, pero creen que se trata de espondilitis anquilosante, un tipo de artritis», explicó.
Aunque implique otra complicación en su estado de salud —pues ahora su espalda no soporta cargar mucho peso—, el tratamiento para la enfermedad de Crohn y la espondilitis anquilosante puede ser el mismo. En su caso, consiste en un medicamento biológico que evita que ciertas proteínas del cuerpo causen la inflamación. Sin embargo, el tratamiento puede reducir parcialmente la respuesta del sistema inmunológico. «Ahora tengo que estar con todas las vacunas posibles al día, porque soy más propensa a cualquier tipo de infección o gripe, por ejemplo», aclara.
Pese a que todavía le queda un largo camino por delante, Sara Quintela afirma sentirse «mentalmente más tranquila». Precisamente, como estudiante de biotecnología, ha decidido enfocar su trabajo de fin de grado en las terapias biológicas existentes en la actualidad, una forma de comprender mejor lo que ocurre en su propio cuerpo y de trasladar su experiencia al ámbito académico.