Santiago y su área metropolitana ofrecen ejemplos reales de que el tiempo y el espacio son parámetros flexibles
17 may 2026 . Actualizado a las 09:17 h.Hace algo más de un siglo que Albert Einstein enunció su teoría de la relatividad, que desmontó la física conocida hasta ese momento al demostrar que el espacio y el tiempo no son dos parámetros absolutos, sino que son flexibles, relativos. Es una cuestión compleja de entender, pero que quienes viven o visitan Santiago y su área metropolitana experimentan de cuando en vez en primera persona. Y como pasa con la teoría del premio Nobel, que lo ganó pero no por enunciar su planteamiento más revolucionario y por el que pasó a la historia, no es fácil de comprender cómo puede suceder.
Basta con acercarse al centro de Melide para tener un ejemplo claro de la relatividad del espacio. Uno se sitúa frente al cruce donde comienza la DP-4604 que comunica la localidad con Toques et voilà: desde el margen izquierdo del vial son siete kilómetros, pero desde el lado derecho baja a seis: es un 14 % inferior, una cifra nada desdeñable, sobre todo para quienes anden justos de fuerzas si van caminando o en bicicleta, o con poco combustible o batería mínima si se desplazan motorizados. Aunque con estas relatividades, siempre es mejor pensar en la cifra más alta, por si acaso.
La relatividad del tiempo es más fácil de asumir: todos sabemos que las horas del trabajo pasan lentas, y las de las vacaciones y fines de semana vuelan. Pero Santiago ofrece ejemplos tangibles de esa flexibilidad temporal. Basta ser usuario de los autobuses urbanos para comprobarlo: uno mira la pantalla electrónica de su parada a las 11.30 de la mañana y observa que indica que en tres minutos llegará el bus de la línea 1. Se felicita por la puntería para llegar a tiempo y ni se sienta en la marquesina. Error. Porque comprueba en el teléfono a las 11.33 que el autocar no llega, y que como a Armada en la Zarzuela, ni está ni se le espera. Pasan los minutos, y más y más, lentos como las horas del trabajo, y al fin aparece. O no. Que también puede pasar, y pasa. En esas uno piensa en la de Víctor Manuel, variando un poco la letra: «Adónde irán los buses que aguardamos, que no llegan»; y se los imagina, como dice la canción textualmente, en «cuántos atardeceres por las callejas sin darse tregua». Otras veces sucede lo contrario: la pantalla, o la aplicación móvil, dicen que falta un minuto, pero tú la miras, feliz, desde el bus que adelantó al tiempo, ese tan relativo.
Así que los vecinos de Santiago y su área metropolitana pueden entender un poquito mejor a Einstein: que quién sabe si no estuvo por Compostela para darse cuenta de lo relativos que son el tiempo y el espacio antes de articular su teoría.