En muchos hogares gallegos, la nevera se llena con el salario de largas jornadas de trabajo en un taller de costura, donde las irregularidades están a la orden del día
25 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Cada día, entre las seis y las ocho de la mañana, casi dos mil mujeres entran a trabajar en alguno de los más de sesenta talleres textiles de Ordes. A lo largo de la jornada, otras muchas acuden en busca de un empleo en el que deberán acatar condiciones laborales muy particulares. La escena se repite en numerosos lugares de Galicia, que se han consolidado como pilares esenciales de las grandes compañías textiles. Producir un salario En la mayoría de los talleres de costura, el salario no es estable, ya que depende de los vectores tiempo y producción. Cada tarea tiene establecido un tiempo de ejecución en el que la empleada debe realizar una cantidad de trabajo para percibir un salario. Si no alcanza ese nivel, se resta el porcentaje equivalente de su sueldo. Sin embargo, llegar a la cuantía estipulada no es fácil. «É imposible render igual ás sete da mañá que ás dúas da tarde», dice una trabajadora de un taller de pantalones. Al final del día, las operarias cubren una ficha indicando su volumen de producción. Periódicamente, una supervisora les cronometra la velocidad de trabajo. Si se supera el cien por cien de producción, la diferencia se paga fuera de la nómina, pero puede suceder que al mes siguiente la empresa le establezca esa cifra como nuevo nivel de fabricación necesario para percibir el mismo salario. «É lóxico que cada un cobre polo que fai, pero o sistema é inxusto porque nos esixen unha intensidade de traballo cada vez maior para cobrar o mesmo ou menos», afirman varias empleadas. No obstante, ellas tienen sus trucos para que su tasa de producción no se dispare, como reservar prendas que hacen a mayores para días en los que no producen lo suficiente. «Antes, cando viña a supervisora apuraba para cobrar máis, pero empezaron a subirme o nivel e, dende entón, o que fago de máis, gárdoo», comenta una especialista en hacer bolsillos en dos segundos. En general, cada trabajadora desempeña siempre la misma tarea, pero a veces en algunas empresas hacen cambios de puesto. «Dinche que é para que saibas traballar noutras máquinas, pero en moitos casos fano porque mentres aprendes un labor distinto ao teu, no que non rendes o mesmo, páganche menos». Algo similar ocurre con las bajas por maternidad. «Hai unha compañeira de baixa e, en vez de contratar a alguén para sustituíla, encomendáronme a min e a outra a súa tarefa», comenta otra de las empleadas de ese taller. «Como nese posto non acado o nivel e perdo horas de estar no meu, ó final traballo o doble e cobro menos». Contratos y letra pequeña Los contratos se hacen por campaña (primavera-verano y otoño-invierno). El primero suele ser de cuatro horas. Luego se pasa al de seis y, finalmente, al de ocho, aunque «é normal facer alomenos dúas horas máis das establecidas». En algún taller la jornada laboral se prolonga quince minutos para «recuperar» el descanso de media mañana. En general, son pocas las empleadas del sector que gozan de un contrato indefinido y un salario estable. La antigüedad tampoco supone un punto a favor: «Eu levo cinco anos aquí e estou nas mesmas condicións que as que acaban de entrar, tanto en salario coma en contrato», afirma una veterana del taller. Las horas extraordinarias, en la mayoría de los casos, se fijan como una parte más de la jornada laboral «ata que un día se presenta o inspector de traballo». Lo más llamativo es la remuneración de estas horas. En muchas empresas se incorporan al nivel de producción o se pagan fuera de la nómina. Entre campañas, el trabajo puede disminuir y es frecuente que las empleadas tengan que quedarse en casa. Debido a las condiciones de su contrato, en este tiempo no cobran. Las vacaciones tampoco están exentas de peculiaridades, que van desde darlas en períodos de escasa producción hasta enviar a algunas trabajadoras al paro. La dueña de un taller reconoce la realización de horas extra para cerrar en vacaciones: «Estamos traballando algúns sábados para coller unha semana en setembro». Tras la proliferación de estas pequeñas fábricas textiles, muchos han denunciado que se toleren estas y otras condiciones laborales, pero las empleadas señalan que «se protestas por algo pronto che din que aí fóra hai moitas dispostas a facer o teu traballo».