Un museo de recuerdos familiares y etnografía levantado en unas viejas cuadras de una casa de Ordes

ORDES
























Manuel Recouso Soneira reinauguró en Parada un espacio repleto de historia y reliquias del pasado
30 mar 2025 . Actualizado a las 05:00 h.«Nacín un 23F, unha noite moi fría, nunha casa moi miserable. A única fonte de calor eran os bois e o meu presebe foi a comedeira», relata Manuel Recouso Soneira, un hombre parlanchín (por lo que se disculpa), aunque merece la pena escuchar sus historias. Manolo es el mediano de tres hermanos y el centro de su universo está en Parada (Ordes). «No mil setecentos e algo xa vivía nesta parroquia Antonio Soneira, no lugar do Pazo. Os Soneira remóntanse a dez xeracións atrás en Parada e o meu avó foi o primeiro que soubo ler e escribir», cuenta tras haber indagado en los archivos históricos para descifrar sus orígenes —con ayuda de una lupa y entre letras enrevesadas—. Hoy rescata y comparte todo ese legado de una forma totalmente generosa, al haber convertido las viejas cuadras de la casa familiar de Parada en el Museo Casa de Soneira, un lugar repleto de joyas etnográficas y recuerdos de otros tiempos, la mayoría de su propio linaje y otros recuperados en ferias de antigüedades, en casas de sus vecinos o de otras partes de Galicia.
«Este é un proxecto que empecei cun cuñado meu, que levaba isto con tanta paixón coma min. Traballamos moito para recobrar isto das ruínas. O meu avó tiña nesta caseta de pedra a súa forxa, porque, aínda que non era ferreiro, sempre foi unha persoa autosuficiente e mañosa como ferreiro, carpinteiro e canteiro. Logo aproveitouse este lugar para as cortes dos porcos. Co traslado da vivenda e das cortes quedou como a casa vella, onde se almacenaban os pendellos e, como non andabamos faltos de espazo, nunca nos desfixemos desas cousas que outros acabaron tirando», explica un ordense considerado por muchos como un maestro de la historia local, de las ciencias naturales y la micología, a pesar de no dedicarse profesionalmente a nada de ello. «A min ensinoume a escribir a máquina e contabilidade un cura que daba clases de balde en Leira. Ofertáronme ir de administrativo nun taller mecánico, onde estiven 17 anos. Logo quixen dedicarme ao que me gustaba, a silvicultura. Tiven unha plantación de castiñeiros e fun produtor de castañas, cousa pouco común aquí naquela época, e vendíaas a grandes almacéns, en feiras...», recuerda Manolo, quien también tuvo su incursión en la política y fue concejal por el BNG de Ordes.
Su museo particular vio la luz antes de la pandemia, con un nuevo techo de madera de castaño —cómo no—. El covid y una serie de batacazos personales, entre enfermedades y fallecimientos, hicieron que aparcase el proyecto por un tiempo. Y hace un año lo retomó de nuevo con ilusión y anunció su reapertura para el día 29 (ayer) durante la sorpresa que le dieron por su 70 cumpleaños un grupo vinculado a la ya desaparecida asociación cultural Tarandeira (fundada, entre otros, por Manolo). Así es cómo vuelve a volar esta humilde máquina del tiempo que nos remonta a un pasado no tan lejano, entre aperos de labranza, carros, fotos antiguas, telares de lino, la vida en torno a una lareira, camas labradas a machete o la cuna de madera de pino en la que mecieron de bebés a Manolo y sus hermanas, entre otras muchas reliquias.