Es un delincuente. Uno de esos que tiene un importante historial en los archivos de la policía. Pero Fernando Sieira Maneiro (Baroña, Porto do Son, 1972) se ve a sí mismo más como un justiciero que como otra cosa. Cuando fue detenido en Santiago mientras intentaba estafar al exdeán de la catedral compostelana, José María Díaz, preguntó a los investigadores si de verdad le podía pasar algo por lo que había hecho. Les explicó que aquello no era estafar, sino aplicar un «pequeño correctivo» a personas que él considera que no son intachables en su comportamiento y que tienen cosas que ocultar.
A tenor de la ridícula pena a la que fue condenado en Santiago por su intento de estafa al exdeán, Sieira está en lo cierto, no le iba a pasar nada. O muy poco, porque tan solo le impusieron una pequeña multa de menos de 300 euros y el no acercarse ni a José María Díaz ni a la catedral de Santiago en un plazo de dos años.
Es muy dudoso que esa mínima condena vaya a hacer que este estafador se reforme. Él, que tuvo el aplomo suficiente para presentarse ante un grupo de narcotraficantes colombianos para intentar colarles como cocaína lo que en realidad era arroz prensado. Cuando le hicieron el test a la mercancía que les quería vender y se destapó el engaño ni tan siquiera se echó para atrás. Montó en cólera, los acusó de querer engañarlo, agarró el dinero y salió corriendo.
Le llaman El estafador de la primera plana porque siempre selecciona a sus víctimas entre los personajes que aparecen en los periódicos porque tienen notoriedad pública. Está bien asesorado y siempre se pone en contacto con sus víctimas explicando que él no tiene los supuestos vídeos comprometedores, sino que actúa tan solo como intermediario de aquel que está en poder de los documentos.
Sabe, además, que muchas de sus víctimas no lo van a denunciar por temor a que los vídeos existan en realidad. Una circunstancia que está complicando la investigación, que se promete laboriosa y larga. Una de las piezas que están resultando básicas es el teléfono móvil que se le incautó en su última detención. En él hay muchos contactos de personas a las que llamó para intentar extorsionarlas.
A la policía le toca ahora filtrar todos esos teléfonos. Cuando se ponen en contacto con aquellos a los que logran identificar lo normal es que en un principio nieguen haber sido objeto de una extorsión -o de una tentativa-, pero la mayoría acaban por reconocerlo cuando les explican que su número está en el registro de llamadas de Fernando Sieira. Este sonense de demostrada osadía no actúa solo. Tiene un compinche, de nacionalidad peruana, que le ayuda en sus aventuras. Ambos están en el objetivo del Greco.