Un grupo de neurólogos identifica la parte del cerebro que se activa cuando un chiste hace gracia El sentido del humor se ha mostrado muy escurridizo con los científicos que lo buscan desde hace años. Ahora, una investigación concluye que el humor no ocupa una zona del cerebro, sino que diferentes partes se activan al interpretar los distintos tipos de chistes. Después, si el chiste funciona, los impulsos cerebrales se dirigen siempre a una región denominada corteza prefrontal. El lugar donde nace la risa es el que genera recompensas y placer para el cuerpo. Triunfa el sentido común: las bromas son buenas para la salud.
11 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.El punto R, el lugar donde nace la risa, ya está localizado. Lo han encontrado investigadores de la Universidad de Toronto (Canadá) y del Instituto de Neurología de Londres. Durante la investigación, publicada en la revista Nature Neuroscience, colgaron en su laboratorio el cartel de «Prohibido reirse». No querían que los cobayas humanos salieran movidos en las imágenes de resonancia magnética funcional, que analizan como cambia la actividad cerebral durante una sesión humorística. Respuesta a distintos chistes Para valorar el efecto, catorce voluntarios sanos puntuaron los chistes en una escala del uno al cinco. Los había de dos tipos. Los que juegan con el significado de las palabras, como «¿Por qué los tiburones no atacan a los abogados? Cortesía profesional». Y los que juegan con la forma de las palabras, como el que cuenta la historia de una persona con una vida sexual tan pobre que pensaba que fornicar era una empresa de alquiler de coches. Quien haya cogido este último chiste habrá puesto a trabajar el hemisferio izquierdo de su cerebro, que se utiliza para hablar. Para procesar la primera broma, de tipo semántico, los neurólogos autores del estudio afirman que las personas utilizamos los lóbulos temporales, que intervienen en la interpretación del lenguaje. En ambos casos, si el chiste hace efecto, se dispara la actividad en la corteza prefrontal del cerebro. Esta región, del tamaño de una ciruela, funciona como una alarma humorística que se excita más cuanto más gracioso resulta el chiste. El descubrimiento podría explicar por qué algunas personas pierden el sentido del humor después de un golpe en la cabeza. Y da base científica a la teoría de Woody Allen de que una persona sólo puede volverse republicana si sufre una lesión cerebral. Es broma.