Rusell Crowe y Nicole Kidman se escapan a las Fiyi
12 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Nicole Kidman y Rusell Crowe, mi hombre, juntos en las islas Fiyi. Después de las múltiples especulaciones sobre las causas que rodearon a la ruptura entre la australiana y Tom Cruise, ahora se descubre el pastel. Cuenta el diario local Fiji Sun que el avión privado del actor neozelandés nacionalizado australiano -es posible que ése sea el punto de conexión de la parejita- aterrizó el martes en el aeropuerto internacional de Nadi. Adivinen quién dejó caer luego su aeroplano privado en el mismo aeródromo, la felina pelirroja. Ambos datos sirvieron a los redactores de Fiji Sun para atacar cabos y concluir que entre Nicole y Rusell «algo hay», aunque eso ya no sea una novedad porque algún lío ya tenían durante la entrega de Los Globos de Oro. En esa ocasión, el despechado Tom, que encima tuvo que desmentir los rumores que le tildaban de homosexual, abandonó el hemiciclo tras terminar su labor de presentador, mientras su ex-mujer se quedaba a celebrar el triunfo del macizo protagonista de Gladiator. Tras la fama de rompecorazones y rompematrimonios que está adquiriendo este chico, hay que plantearse la pregunta del millón: ¿Y qué tendrá? No se sabe, aunque para mí está claro. Es ese aire de dandy apátrida el que las hechiza a todas. Conmigo tampoco hay excepción, y porque no tengo marido. Imagínenme a mí en el complejo turístico de Wakaya, el nido de amor de Nicole y Russell en Fiyi, rodeada de estrellas de cine y de magnates. Según cuenta la prensa local, en este recinto es fácil cruzarse con empresarios como Bill Gates o artistas como Michelle Pfeiffer y Celine Dion. Con un panorama como ese, aunque me dejara plantada antes del amanecer y sin desayunar porque sólo el viaje merece la pena. Wakaya es una bellísima isla de 880 hectáreas, muy popular entre los submarinistas, con bosques, acantilados, playas de arena blanca, restos arqueológicos y, sobre todo, mansiones de muchos millonarios. Así que si Russell acabara dejándome, siempre podría encontrar algún tonto que me sacara de la miseria. Pero ni yo soy Nicol Kidman, convertida tras su divorcio de Tom Cruise en la mujer más rica de Australia, ni Rusell Crowe gastaría medio segundo de su tiempo en mirarme el blanco de mis ojos, lo único en lo que coincido con sus múltiples affaires.