Un compromiso que tardó una década en negociarse

La Voz

SOCIEDAD

RAÚL ROMAR ANÁLISIS

10 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

l cumplimiento del Protocolo de Kioto para la reducción de los gases contaminantes que provocan el calentamiento de la Tierra es ya irreversible. Su ratificación se hará, con toda probabilidad, antes de la cumbre de septiembre del próximo año de Johanesburgo, que conmemora el décido aniversario de la primera conferencia del clima celebrada en Río de Janeiro en 1992. En total, han sido necesarios diez años para alcanzar un compromiso internacional. Acuerdo ambicioso. El Protocolo de Kioto, presentado en 1997, prevé una disminución del 5,2% en las emisiones de los gases tóxicos que provocan el efecto invernadero, principalmente el dióxido de carbono, por parte de los países más avanzados en el terreno industrial para el periodo 2008-2010 respecto a los niveles alcanzados en 1990. Aunque para los ecologistas es insuficiente, el tratado es considerado por muchos expertos como el «acuerdo más ambicioso» en materia de prevención del medio ambiente jamás conseguido. La tentativa de Bonn. Hasta la fecha, países pertenecientes al grupo de los países más industrializados, como Canadá, Australia, Japón o Rusia no parecían dispuestos a ratificar el protocolo de Kioto. Estas naciones se alienaron con Estados Unidos en la cumbre celebrada el pasado año en Holanda, que terminó en el más absoluto fracaso. Por este motivo, la ONU organizó el pasado mes de julio una conferencia en Bonn para acercar posturas, algo que se consiguió, aunque pendiente del compromiso que ayer se logró en Marraquech. Plena ratificación. La situación ha cambiado sustancialmente y el documento adoptado en Marraquech se convierte en una declaración política que abre el camino hacia la plena ratificación del tratado de Kioto, por parte de todos los países firmantes, y en un elemento indispensable para que se empiecen a aplicar las reducciones de emisión de dióxido de carbono y otros gases. Efecto práctico limitado. En una primera etapa, el efecto práctico del documento consensuado en Marraquech será más bien limitado, sobre todo como consecuencia de que el país más contaminante del mundo y que produce un cuarto de las emisiones de dióxido de carbono, Estados Unidos, no secundará el acuerdo, pero servirá, sin embargo, de base para las futuras negociaciones. Sumideros de carbono. Entre los puntos adoptados en el acuerdo de Marraquech destacan la regulación del control de la emisión de los gases contaminantes, la obligación que tendrán los países que lo han firmado de poner un tope a la proliferación de los denominados sumideros de carbono (bosques y cultivos que captan dióxido de carbono) y la exigencia de que los países industrializados informen anualmente sobre las medidas que han tomado para que sus políticas energéticas no producen efectos negativos sobre otras naciones menos avanzadas, sobre todo las productoras de petróleo.