Emblemas clásicos como Lagerfeld y Valentino conviven con vanguardistas como Jonh Galliano y Alexander McQueen Yves Saint Laurent también fue en su día una joven promesa que despertaba no pocos recelos. Hoy, en el selecto mundo de la alta costura parisina perviven apenas un par de nombres que, como el diseñador que ahora se retira, son emblemas de los valores más clásicos: Karl Lagerfeld, que diseña para Chanel, y Valentino. Junto a ellos, los nombres de figuras rompedoras en su momento como Jean Paul Gaultier y Christian Lacroix conviven con paradigmas de la más rabiosa modernidad. Entre los últimos, destacan los británicos John Galliano, que renovó Dior, y Alexander McQueen, que acaba de dejar Givenchy para crear su firma propia.
08 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.
Karl Lagerfeld, el espíritu de Chanel
Cuando Lagerfeld se puso al frente la firma Chanel, en 1983, muchos dudaron que el diseñador alemán lograra conservar el espíritu de Coco. Sus prendas son la mejor prueba de que se equivocaban, a pesar de que el propio Lagerfeld predicara la desaparición de la alta costura en los años 60.
Lagerfeld, de 62 años, se ha definido como un hombre en el negocio de la moda y se sabe que es un gran amante del arte. Quizá estos dos rasgos le han valido para convertirse en mito viviente ?y en activo? de la alta costura y logra compaginarlo su firma personal de prêt-?-porter. Su filosofía en las dos líneas es la misma. La que caracteriza el estilo femenino, sin estridencias con inspiración en la luz y que busca la fluidez de las prendas.
Valentino, un paradigma de la costura clásica
A pesar de estar asentado en Roma, Valentino siempre ha desfilado en París. Ya sólo su nombre es sinónimo de clase y distinción, de la esencia clásica de la alta costura. A sus casi 70 años es uno de los baluarte de la moda latina que convirtió el made in Italy en un sinómino de lujo. Su estilo es conocido por la meticulosidad del detalle y sus perfectos bordados. La aguja de Valentino ha conseguido que el lujo de sus prendas nunca caigan en la ostentación sino todo lo contrario. La discreción es una de sus constantes aunque sus vestidos estén totalmente cubiertas de pedrería o de volantes y bordados. Con más de 45 años diseñando, Valentino sigue prefiriendo la sastrería precisa en lugar de la combianción étnica y de estilos de las generaciones que le sucederan.
El neobarroquismo de Christian Lacroix
La historia de Christian Lacroix es la de un apasionado del teatro que siempre soñó con crear vestuario escénico. Las casas Hermés, Patou e incluso la sastrería de la corte imperial de Tokio fueron sus escuelas antes de lanzarse a crear su propia firma de alta costura. En ellas, por encima de los tejidos destaca el uso de colores fuertes, combinados de forma que el mundo de Lacroix se convierte en un gran escenario. Realmente es el diseñador que más ha alegrado la alta costura con su colorido. Sus mezclas inusuales también le han convertido en paladín del neobarroquismo que en los años ochenta consiguió salvar a la alta costura de la decadencia en que empezaba a hundirse. En 1987, la firma Lacroix se incorporó al grupo comercial LVHL, al que también pertenecen Dior y Givenchy.
Jean Paul Gaultier humanizó la pasarela
Con la llegada de Gaultier al selecto mundo de la alta costura su futuro está algo más garantizado. Gaultier, con su concepción ecléptica y kitsch del diseño de élite ha humanizado esa moda que no está al alcance de casi nadie. Ya han pasado más de 15 años desde que Gaultier se presentara como un creador inrreverente y caustico que felicitaba la Navidad con pavos vivos. El público en general le conoce por sus faldas para hombre, sus corsés y la vestimenta para la escenografía de Madonna, pero también ha aproximado la alta costura a la realidad del mundo. Ha redefinido la elegancia y el glamour introducciendo togas romanas, saris indios o kimonos a cualquiera de sus creaciones. Para Pierre Bergé, director general de la firma Yves Saint Laurent, «Gaultier es el mejor desde Saint Laurent». Casi nada.