«Se crearán monstruos», «se está jugando a Dios»... Las reacciones de científicos y representantes de la Iglesia no se hicieron esperar hace poco más de un año cuando el médico italiano Severino Antinori había anunciado su proyecto de crear el primer clon humano. Incluso Ian Wilmut, el creador de la oveja Dolly, el primero en utilizar la técnica de transferencia nuclear, la misma que ha empleado Antinori, salió a la palestra para denunciar lo que consideraba una aberración. «Del clon saldrá un niño con deformidades», sentenció. Pero las críticas no amilanaron a Severino Antinori, un ginecólogo, católico y de derechas, que saltó hace años a la fama mundial cuando se convirtió en el primer médico que consiguió que una mujer de 55 años pudiera tener un hijo. El científico cumplió su promesa y pasó de un proyecto que levantó un escándalo mundial a una realidad que ha vuelto a conmocionar a la sociedad. Y las primeras reacciones tampoco se han hecho esperar. Desde Gran Bretaña, Richard Gardner, experto en el desarrollo temprano del embrión y miembro de la Royal Society, aseguró que este tipo de embarazo es «muy irresponsable, dado el actual grado de conocimientos, incluso sin tener en cuenta cuestiones éticas». En España, tanto miembros de la Comisión Nacional de Reproducción Asistida como Marcelo Palacios, presidente de la Sociedad Internacional de Bioética, condenaron la supuesta primera clonación humana. «Es una temeridad», dijo Palacios, quien insistió en que el niño, aunque nazca sano, acabará con serias deformidades al cabo de los años, dado la imperfección de la técnica.