Ya quedaron atrás los tiempos de Lili Marlen o los más recientes contoneos de Marta Sánchez para las tropas españolas de la Guerra del Golfo. Estos días, los soldados americanos destinados en la base aérea de Bagram, en Afganistán, se relajan con una buena dosis de humor masculino. O al menos con esto tuvieron que conformarse al recibir la visita de Robin Williams, el actor que desperezaba por radio a los soldados con el saludo «Buenos días, Vietnaaaaam» en la película del mismo título y que aquí convirtió en «Buenos días, Bagraaaaam». Como no era una retransmisión en directo, Williams pasó de las normas políticamente correctas que normalmente le impone su papel de humorista para toda la familia y se dedicó a los chistes de carácter sexual o escatológico para aliviar las tensiones de las tropas. Como muestra, una de sus declaraciones nada más aterrizar: «He tenido un vuelo militar genial, gracias. Me encanta volar en espiral, no hay nada como eso para hacer que tu colon funcione». El «Aserejé», a la conquista de América Es evidente que el verano se ha acabado (miren por la ventana si lo dudan), pero la canción del verano todavía colea. Por aquí, todavía resuena por algún que otro rincón, y fuera, causa sensación. Después de triunfar en numerosos países (2,5 millones de copias vendidas entre Europa y Australia), ahora se prepara para el ataque final: el mercado de EE.?UU., donde la esperan con los brazos abiertos como al advenimiento de «la nueva macarena». Para este mercado, las hermanas Muñoz mantienen intacto el trabalenguas del estribillo y cambian a spanglish la parte menos ininteligible. Tecnócratas del hogar ¿Creen que Silicon Valley es la meca del dinero y las grandes fortunas? Pues no tanto. Las empresas puntocom se están yendo al garete y el paro crece de un modo vertiginoso. Así que una de las iniciativas más novedosas en este lugar neurálgico de la evolución tecnológica es la de la empresa Geekmaids.com, que ofrece los servicios de asistentes del hogar que, además de planchar y limpiar el polvo, pueden diseñarle a uno una página web, instalar redes inalámbricas, limpiarle un virus del ordenador o vaciarle la bandeja de correo no deseado. Su precio: unos 25 euros la hora. Otros informáticos en paro están optando por buscarse la vida por métodos tan tradicionales como ampliar estudios, montar un bar, dedicarse al voluntariado o dar masajes. Las heridas de la Cardinale Claudia Cardinale se conmovió ayer durante un nostálgico paseo por un túnel del tiempo construido con los vestidos más famosos de las películas y adaptaciones teatrales del italiano Luchino Visconti. Las lágrimas casi se le dispararon ante la réplica del vaporoso vestido blanco que ella llevaba durante la famosa escena del baile de El gatopardo , aunque no sabemos si fue con la emoción o al recordar que, para lucir el talle de avispa con el que soñaron muchos, tuvo que ponerse un busto con refuerzos metálicos durante el mes completo que duró el rodaje de esta escena, lo que le produjo numerosas heridas en la cintura.