Adiós a una leyenda

Alba Díaz-Pachín alba.diaz@lavoz.es

SOCIEDAD

TOBY MELVILLE / REUTERS

07 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Adiós a las torres gemelas. Entiéndanme bien. A las de Wembley, el estadio londinense que, hasta hace poco, simbolizaba la historia del fútbol inglés. Para que luego digan. Aquí me tienen hablando de fútbol. Y es que la desaparición de Wembley, que será sustituido por el estadio más caro y más grande del mundo, diseñado por Norman Foster, tiene mucha historia detrás. Y seguro que, entre los que lloran la desaparición de Wembley, se encuentran también los hinchas del Barcelona, si es que todavía les quedan lágrimas. Allí consiguieron su única (su primera, según alguno de mis compañeros) copa de Europa. Si alguno de ustedes quiere acercarse a echar una lagrimita, como este joven envuelto en la bandera inglesa, aún le dará tiempo, porque pasarán seis meses hasta la demolición total del estadio. Pero no se pongan tristes, que hoy hay cosas muy divertidas en esta página. Hugh Grant es un gilipollas No lo digo yo, lo dijo Dustin Hoffman . El veterano actor fue premiado en Londres con un galardón por su larga y fructífera carrera. Y allí estaba el gran Dustin, en el estrado, frente al micrófono, compartiendo protagonismo con Hugh Grant y la actriz Samantha Morton . El pequeño gran hombre empieza con su discurso de agradecimiento y Hugh Grant a cuchichear con Samantha hasta que Dustin se para unos segundo y suelta hacia el público: «Sí, realmente es un gilipollas». Silencio en la sala. Y a Hugh Grant no se le ocurre otra cosa que encogerse de hombros y, pasado el momentazo, seguir hablando con Samantha. Lo siento, pero no puedo facilitar a la legión de admiradoras el correo electrónico de Dustin Hoffman, aunque ya sé que a muchas les gustaría decirle dos palabritas. Y no precisamente para felicitarle. Historias de amor Y acabo con sor Leticia , una monja italiana que decidió participar en un concurso de historias de amor convocado por la revista Intimita . Lo mejor no es eso, lo mejor es que ganó. Y ¿qué historia contaba? La de su propia vocación y el amor que siente por Dios. Y es que es así, el amor es tan libre, que nunca dejará de sorprendernos, seamos como seamos.