Ahí los tienen, saltando todos a la vez de un globo aerostático. Parece tarea fácil, ¿verdad?, pues en absoluto. Coordinar el salto de veinte tipos desde una cestita a dos kilómetros de altura es cualquier cosa menos sencillo. Lo hicieron los holandeses sobre Markelo, una pequeña villa al este del país, consiguiendo de esta forma batir el record del mundo, en manos de dieciséis británicos. Y es que la gente tiene unas ganas inexplicables de figurar en el libro Guinness de los Records, seguro que se debe a algún oculto complejo de inferioridad. Por cierto, yo prefiero la versión de Coronas, el de Lo más plus, que le llama Ginés de los Records. Perlas de la Bardot n Otra que parece empeñada en figurar en los libros es Brigitte Bardot. La musa gala, amante como ya saben de los animales no racionales, ha encontrado un hueco en toda la prensa del mundo por unas perlitas que no tienen desperdicio y que se pueden leer en el libro Un grito en el silencio. Dice la Bardot que «mientras entre los animales la raza alcanza cumbres de vigilancia extrema y los bastardos son considerados residuos a los que se deja pudrir en las perreras o a los que se mata sin compasión, a nosotros se nos reduce a sentir un orgullo políticamente correcto por mezclarnos, por cruzar nuestros genes». ¡Toma ya! Y sigue, porque asegura que los inmigrantes atentan contra la esencia de su país y lanza exabruptos contra las enfermeras andaluzas (sí, han leído bien) y los musulmanes, que les están llevando a la pérdida de todo referente moral. Sólo le falta ahora largarnos una perorata sobre la decencia y el sexo, ¿no les parece? Oro en el mar n Después de lo anterior no sé qué pensar de Gary Massoth, un químico oceanográfico que ha dicho que un manto de oro cubre el fondo marino entre Tonga y Nueva Zelanda. Lo dijo tras estudiar el lugar, donde encontró veinte volcanes submarinos y algunos activos, que expulsan penachos a una temperatura de 350 grados centígrados. Según su teoría, el oro, plata, hierro, zinc y plomo están disueltos a esa temperatura «como el azúcar en el café» y acaban reposando en los suelos marinos. Los responsables del Gobierno de Tonga llevan días frotándose las manos. Pues como se pongan a excavar, llegan a Fisterra... ¿Bond con marcapasos? n Lo del tiempo es la monda. Por ejemplo, cuántos de ustedes se imaginaban que James Bond necesitaba marcapasos. Nadie, claro. Pues Roger Moore ?aquel Bond guapo, british y un pelo soso de los setenta? se ha tenido que colocar uno. Fue en Nueva York y ya se está recuperando. A pesar de las operaciones de estética, Moore ya cumplió 75 añitos y recientemente sufrió un desvanecimiento en plena función teatral, con problemas para respirar, que puso en alerta a los médicos. Eso sí, tras el desmayo, volvió al escenario porque, como dice el dicho que Mercury convirtió en canción pop, «el espectáculo debe continuar». La tele de los ricos n Ya sé que tengo una cosa en común con los ricos ?para mi desgracia, sólo una? y es el gusto. Adoro lo caro y, lo que es peor, lo hago sin saberlo. Entro en una tienda, me sacan tres faldas y ¡zas! elijo la más cara con diferencia. Lo mismo me pasa con todo y caigo una y otra vez en la tentación (ya lo dijo el adorable Óscar Wilde: «Yo lo resisto todo menos la tentación»). Todo esto iba a que tengo el mismo gusto televisivo que los ricos. Según los estudios de audiencias, se pirran por 24 (¡Hay que ver lo que ha ganado Kiefer Sutherland con los años!), El ala oeste y Friends. Como yo. ¿Será una señal del cielo?