Sabido es que todavía no he encontrado el momento para concretar ese instinto maternal que algunos interesados sostienen que todas las mujeres llevamos dentro, pero cuando veo imágenes como la que ilustra estas líneas me hago cruces en la frente y me digo que con los sobrinitos tengo suficiente. ¿Se imaginan llegar a casa con una ristra de cucos que para que sí quisiera el parque de Yelowstone? Para quien acumule recortes de récords apunto los nombres: Ian, Simon, Olivia, Zoe, Joshua y Madison. Se apellidan Perry y son de Pittsburgh. A ellos los vemos relajados. De sus padres no tenemos imágenes. Una exclamación tal que así se escuchó ayer en este lugar desde el que escribo cuando por fin pudimos observar la fotografía de la campaña contra el sida que protagoniza Estefanía de Mónaco . Por lo que se había filtrado el miércoles, la pequeña de los Grimaldi nos iba a regalar una cara oculta y desconocida aprovechando su incursión en la defensa de las causas justas. Se sabía que una simple cinta roja iba a envolver su enjuto cuerpo. Y algunos ya habían echado a volar la imaginación suponiendo que Stephanie iba a enseñar algo que todavía no habíamos visto. Pero observado el resultado, reconozco que se han excedido en recatamiento. Y a mí, personalmente, no es que me importe pero escrutando con detalle la escena he llegado a la conclusión de que la foto es, simplemente, fea. La última moda en grafittis afecta a las vacas. Algunos de los artistas más reputados del ramo se han juntado en Londres para explorar todas las posibilidades de una actividad que hace tiempo traspasó el ámbito de lo prohibido. Pero este nuevo soporte que propone Banksy -su autor- tiene su aquel. ¿Se imaginan sortear la crisis del vacuno gallego convirtiendo a los animales en obras de arte, como ya se sabe que acontece con la lluvia? La humanidad avanza hacia un momento en el que los bosques serán un reducto en extinción en los que habrá que pagar por entrar. No lo digo yo. Lo dicen los que saben de esto. Así que aprovechen.