Agradecimiento

SOCIEDAD

25 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Quiero agradecerle sinceramente a la ministra Pilar del Castillo y al Gobierno al que pertenece, la inclusión de la asignatura de religión con carácter obligatorio, o casi, en su nuevo diseño educativo. No crean que bromeo, ni mucho menos que sea un entusiasta de la enseñanza religiosa. Pero lo cierto es que la nueva ley me va a evitar un enorme cargo de conciencia. El que siento cada semana cuando sé que mis hijos tienen que abandonar el aula para meterse en el cuarto de las fotocopias a hacer un dibujo o a leer un libro. Actividades muy dignas ambas, pero que pueden hacer (de hecho las hacen) perfectamente en casa. Hasta la fecha, la enseñanza de religión no era obligatoria. Pero la alternativa era el aislamiento y el abandono. Porque la educación pública en Galicia permite incluir en el primer curso de educación infantil (niños de tres años que no conocen las letras y apenas pueden identificar los colores) una hora semanal de religión, o su alternativa, es decir, el cuarto de las fotocopias. Así que, a partir del próximo curso, mis hijos ya no tendrán que pasar por esa experiencia, sino por una alternativa docente a las clases que dirige, orienta y contrata la Conferencia Episcopal. El debate sobre la conveniencia de incluir la asignatura de religión con poder en el expediente es estéril. Porque, si España fue un estado aconfesional alguna vez, las cosas han cambiado y hace años que ya no lo es. A lo único que aspiro es a que la alternativa que aún están cocinando en el Gobierno se le puedan encontrar algunas diferencias (al menos ocho, como en los pasatiempos) sobre la asignatura de religión.