Edades

EDUARDO CHAMORRO

SOCIEDAD

Miguel Sebastián dice en una entrevista que es «un técnico sin vocación política». Es bueno saberlo, pues se trata del coordinador del programa electoral del PSOE, aunque eso que dice es como si yo dijera que «soy periodista pero sin vocación alguna de informar. Lo hago para ganarme la vida». Hay gente que va por la vida como si estuviera en el cine y debiera contarnos la película. José Luis Sampedro, escritor, economista y ex catedrático de Estructura Económica, dijo de sí mismo en una ocasión memorable que él «era economista pero estaba en contra del lucro». O sea que normal. ¿Para qué se va a andar uno por las ramas? Son cosas que pasan cuando se tiene una auténtica vocación por las palabras. Y Miguel Sebastián la tiene, sin duda, pues al entrar en una materia como la jubilación, nos asegura lo siguiente: «No digo necesariamente la edad legal, pero la edad efectiva de jubilación hay que retrasarla. Tenemos que empezar a transmitir que una persona de 65 años no es un anciano». Yo no veo la razón de ese empeño en transmitir algo que está en el Diccionario de la Real Academia Española, donde, con la precisión habitual, se señala que «dícese anciano de la persona de mucha edad". La mucha o poca edad de los 65 años es, en realidad, irrelevante cuando de lo que se habla es de la jubilación, es decir, del acuerdo, más o menos tácito, por el cual uno deja de trabajar a los 65 años y pasa a cobrar sin dar un palo al agua. Y de eso es de lo que se trata, de dejar de trabajar a una edad, mucha o poca, pero en la que a lo mejor le quedan a uno ganas de disfrutar de lo lindo sin preocuparse de otra cosa.