Hinchas de sangre azul

Ana Lorenzo Fernández
Ana Lorenzo A CORUÑA

SOCIEDAD

KOPA

Crónica Rainiero y Alberto de Mónaco viajaron en su avión privado hasta A Coruña para poder presenciar el encuentro de Liga de Campeones entre su equipo y el Dépor

21 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

?i la niebla, ni los retrasos, ni ninguna otra excusa impidieron que ayer tomara tierra en el aeropuerto de Alvedro el avión privado del príncipe Rainiero de Mónaco. La ocasión la merecía, su equipo se enfrentaba en un partido de Liga de Campeones contra el Deportivo de A Coruña, y él y su hijo no desaprovecharon la ocasión para animar a la escuadra roja y blanca. Dos horas antes de que llegara el séquito real, la zona se empezó a poblar de patrullas de guardias civiles, policías locales y nacionales, que despertaron el interés de algunos de los pasajeros que se encontraban en la terminal coruñesa, y que se preguntaban qué famoso aparecería de un momento a otro por el aeropuerto. La llegada del delegado del Gobierno, Fernández de Mesa, seguido de seis grandes coches negros, confirmó que faltaba poco para el aterrizaje de Rainiero, que se produjo pasadas las ocho de la tarde. Tras bajar las escaleras del avión, todavía habría que esperar varios minutos hasta que alguien apareciera por la puerta. Pero el primero en salir no fue ningún representante de la casa real monegasca, sino el piloto de la aeronave, que se encargó de colocar las barandillas para que el príncipe pudiese bajar. La espera se demoró todavía varios minutos más, el tiempo que aprovecharon los chóferes que trasladarían luego al séquito a Riazor para acercarse más al avión. Incluso el director del aeropuerto subió a la nave para comprobar si todo estaba en orden. Corrían las ocho y veinte de la tarde cuando asomó por la puerta la cabellera blanca del príncipe Rainiero, que tuvo ciertas dificultades para descender del avión debido a su avanzada edad y a que su estado de salud no ha sido del todo bueno en los últimos años. De hecho, se había abierto la posibilidad de que no realizara este viaje, y fuera únicamente su hijo el que animara desde el palco coruñés a la escuadra monaguesca. Bufanda Y Alberto se tomó su papel al pie de la letra. De hecho, bajó de la aeronave equipado con una bufanda del Mónaco y dispuesto a defender los colores de su equipo. Tras saludar a los autoridades que los recibieron en Alvedro, él y su padre no perdieron ni un sólo segundo -quedaban menos de quince minutos para que comenzase el encuentro- y partieron a toda prisa hacia Riazor escoltados por una patrulla de la Guardia Civil y seguidos por una larga cola de coches oficiales. En un principio, en el aeropuerto coruñés recibieron órdenes para que tuviesen todo preparado por si decidían regresar a Mónaco ayer mismo por la noche, aunque también cabía la posibilidad de que retrasaran hasta hoy por la mañana su vuelta.