Estamos un poco locos ¿no?

Alba Díaz-Pachín

SOCIEDAD

SUDREE SUKPLANG | REUTERS

17 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

A veces una se plantea si no estaremos todos un poco locos. Porque a menudo vemos cosas que no se entienden muy bien. Como este combate de kick boxing celebrado en Bangkok entre dos orangutanes. El primero del mundo, según rezaba la publicidad del evento, por llamarle de algún modo. Ya es bastante patético y desagradable conocer que se celebran peleas de perros o de gallos mientras los machotes que las organizan cruzan apuestas. Pero convertir dos orangutanes en luchadores de un deporte humano me parece el colmo y, desde luego, no le veo la gracia por ningún sitio. O sea que no se tomen la foto a cachondeo. No conozco un espectáculo más cutre y más triste que el boxeo. Y vestir a dos primates con calzones de colores para efectuar un triste remedo de un combate es, simplemente, para llorar. Espero que el orangután noqueado fuera más listo que quienes lo situaron ahí, y sólo fingiera su caída. Lamentable. Mejor cambiar de tercio. Y tal vez no les importe ver estas dos fotografías de dos iconos sexuales norteamericanos que suelen aparecer por esta página, muchas veces por la presión de la banda de la Viagra. La de Pamela Anderson es para que vean que se puede ir a un acto oficial sin ropa interior y dando el cante lo justo. La pobre Pamela estará sufriendo la hepatitis, pero no cabe duda de que, mientras pueda, va a provocar a todo lo que se mueva. Y la de Britney Spears es para que sigan constatando como se ha revolucionado sexualmente esta chica desde que Madonna le abrió la puerta a los besos lésbicos. Ambas se dejaron ver en la entrega de los premios de la música americana durante la madrugada de ayer. Y tras este paréntesis de glamur, sigamos con las desfeitas del día. En Singapur, un país en el que la prostitución es legal y en el que se pueden mantener relaciones sexuales con personas mayores de 16 años, el sexo oral está prohibido. En realidad está prohibido cualquier intercambio carnal voluntario contra el orden natural (según reza la ley), bajo pena de multa y de hasta diez años de cárcel. Muchos singapureses se habían olvidado del precepto hasta que, recientemente, un policía fue condenado a dos años de prisión por un episodio de sexo oral con una joven de 16 años. El revuelo que se ha montado en el país asiático ha sido notable, con largos debates en los periódicos. Tanto que, finalmente, las autoridades revelaron que la joven que practicó la felación no tenía 16 años sino 15. En cualquier caso, el repentino descenso de edad no ha servido para cortar la afluencia de cartas a los periódicos, en bastantes de los cuales se subrayaba que, con la ley en la mano, el Estado convierte en criminales a la mayoría de adultos con vida sexual. Peleas de monos, sí; sexo oral, no. No era una escultura Otra noticia increíble. Resulta que el otro día reabrieron en Budapest una sala de la universidad que llevaba mucho tiempo cerrada, con el fin de hacer unas reparaciones. Y la gente que pasó por allí, se quedó mirando la figura de un ahorcado, pensando que se trataba de una escultura. Pero no era tal. Era un cadáver de verdad, como constataron más tarde algunos de los estudiantes de la Universidad de Arte.