Qué lata de Letizia

BLANCA RIESTRA

SOCIEDAD

GLOSARIO PARA VERANEANTES

24 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

DESDE mi retiro en el Gianicolo, me enteré de lo del Príncipe y Letizia por la tele. Entonces, incluso me pareció bien. Pobre hombre. Eso de que ella fuese divorciada y periodista resultaba incluso novedoso. Además, a casi todos el Príncipe nos daba un poco de pena desde lo de Eva Sannum. (¡Qué buena mujer Eva Sannum! Yo la añoro). Visto lo visto, creo que a esta nueva candidata la hubiésemos aceptado todos, fuese cantaora o forzudo. Pero, bueno, todo tiene sus límites. Los medios están consiguiendo que acabemos odiando a la interfecta. Que si los abuelos, que si los maestros y hasta la cabo primera que compartió camarote en Irak con la Letizia. Que si el ex marido, que si los ex novios, que si los vestidos posibles, que si los recorridos y las fechas. Y todo tan ñoño, tan cursilito. Aquí el único que tuvo razón fue Julio Anguita cuando afirmó, ante el anuncio de la boda, «España es un país de pandereta». Sí, ya sé que un poco de tul ilusión y un poco de escándalo y algo de fútbol alivian la crudeza del invierno y el aburrimiento y el dolor de la hipoteca. Pero, puestos a necesitar drogas inyectadas por la vena, prefiero el cutrerío majo de Fresita y su Nicola en Gran Hermano o el fútbol galáctico o el pasado tormentoso de la Duval. Todo antes que la redifusión de ¿Dónde vas Alfonso XII? Repetido. El problema es que España es un país republicano que es monárquico y los españoles somos un puñado de esquizofrénicos que veneran a los reyes y en seguida los ponen a caer de un burro. Una pandilla de majaras que critican sus vestimentas y sus yates y luego van y lloran en sus bodas. Peligroso.