No sé si se han enterado, pero el tabaco es una ruina. Es responsable de un taco de enfermedades, muchas de ellas mortales; es la primera causa de muertes prematuras por enfermedad; es también una ruina económica, produce impotencia y no sé cuantas maldades más. Conclusión: fumar es una majadería. Por eso, no puedo entender como es posible que el ministerio de Sanidad permita la venta de tabaco. Que yo sepa, no permite la venta de heroína, ni de de LSD, ni de vacas locas, ni de otro tipo de productos que nuestra Sanidad considera muy nocivos para la salud. Pero sí autoriza la venta de tabaco. No quiero pensar que en esa decisión únicamente consideran la formidable cantidad de impuestos que recaudan por cada cigarrillo que encendemos los pringaos que estamos enganchados aunque, la verdad, no se me ocurre otra. Pero el colmo de la paradoja (y de la cara dura) está en la sentencia emitida por la Audiencia de Barcelona exonerando a Altadis de la muerte de un fumador que se fue al otro barrio por un cáncer de pulmón. Los magistrados, al menos dos de ellos, sostuvieron que no se puede demostrar la relación entre el consumo de tabaco y la del cáncer de pulmón. Por lo visto, ni ellos ni nadie de su entorno fuma, porque esa información está en la mayor parte de las cajetillas que circulan por España. Así que el tabaco mata, pero según como se mire. El Estado te lo vende. Sabe que te mata, pero te lo vende igual. Y luego, cuando de verdad te mueres, resulta que el mensaje es otro y que eso del tabaco y el cáncer no está tan demostrado. Estos tipos del sistema son la bomba.