LLEGA LA Navidad y, con tantas luces de colores y tantas canciones que hacen rimar paz con felicidad, los amigos más modernos, los que no tienen niños, los que todavía van al fondo de las cosas, caen en la «depre» y no hay quien los contente. Pues no deberían amargarse, podría ser peor, sólo hay que echarle imaginación. Las televisiones locales podrían tener tanto éxito que se multiplicaran hasta aparecer las televisiones de barrio, e incluso las de bloque, y en ellas habría programas Aquí te mato con intensos debates dirigidos por cotorras profesionalísimas e inagotables, que las hay malas de verdad, en los que te sacarían a relucir hasta los calzoncillos que se te cayeron del tendal. Las políticas de tolerancia hacia el Islam y de mestizaje cultural andalusí , combinadas con el pensamiento recio de la vida sana, podrían llevar a las autoridades a decidir que el vino es muy dañino. Comenzarían por poner en las botellas etiquetas del tipo «La garnacha puede matar» o «De las grandes cenas están las sepulturas llenas». Establecida por fin la inocuidad de la marihuana, los comendadores de las ordenes del morapio se verían obligados a vender clandestinamente sus capas y sayos, que lucirían, dándose muchos humos, los «enxebres cabaleiros da orde da grifa paisana». La Letizia del Príncipe podría haber sido Sabater, en lugar de Ortiz, si les hubiera coincidido bien la coyuntura del estado civil variable, y entonces el mensaje-mantra del poder sería «España va chachi piruli», con lo cual la presión del pensamiento único y la asfixia democrática serían tan insoportables que nos aplastarían sin remisión.