Bonjour, Marte

BLANCA RIESTRA

SOCIEDAD

26 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

El otro día viendo las imágenes del robot Spirit, muchos empezamos a suspirar por el planeta Marte. Y es que Marte debe de parecerse a una cafetería llena de cráteres y banquetas de sky (es decir: de cielo) negro que había hace unos años en la plaza de Vigo, cerca de casa de mis padres. Me lo imagino rojo y grande, lejanísimo, habitado por tribus y tribus de marcianos. Debe de ser un planeta estupendo. Un planeta lleno de grandes emociones. Y es que casi nos convencieron de que los marcianos no existían. Cuando yo era niña, los marcianos tenían antenas y eran verdes y bajitos. Viajaban en platillos volantes y tenían pistolas con rayos petrificantes o fanta naranja. Y salían en las películas de Ed Wood. Después empezaron a ponerse tontos y se convirtieron en carne de Expediente Equis. Pero uno siempre vuelve a su primer amor, ya se sabe. Marte, here we are, que diría Frank Sinatra. Dicen que hace treinta años hubo agua líquida en el planeta escarlata. Por ver hasta hemos visto en la televisión un valle fluvial negro donde quizás algún marciano -llamado Jorge o Ramoncín- se bañase o pescase truchas con tres cabezas hace no mucho. Los cañones del Sil y el valle de Hellas. Si Johannes Kepler soñó con viajar a la luna, si pensaba que en su cara oculta se alzaban valles habitados y bosques sonoros, si Kepler planeaba viajar por el espacio en barco de vela, conducido por los vientos estelares, no veo yo qué nos impide soñar con los galanes marcianos y los pueblos héllidos. Quizás nuestros hijos se compren un pisito por la zona.