MEDIO FERRADO

22 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

LOS TIEMPOS andan crispados y graves, tanto que esa clase de humor que interpretamos como signo de inteligencia y certificado de evolución de la especie está siendo eclipsado por otro humor, aquél al que responde la risa tonta del que está obligado o, peor aun, la carcajada de hiena. Hombres y mujeres tocados por la gracia se callan mientras despliegan su pobre ingenio chistosos de sobremesa que tienen asegurada la risotada de la claque, y que al día siguiente se sienten obligados a exigir que no se saque su chiste de contexto. ¿Estarán en ese coro de periodistas de risa fácil, frecuentadores de banquetes, los mismos que hace veinte años, en la universidad, no aguantaban las carcajadas en una conferencia de Umberto Eco por la chusca circunstancia de que hablaba en italiano? Nietzsche recomienda que consideremos falsa cualquier verdad que no vaya acompañada de una risa. Pero no la risa de la manada ante un exabrupto del poderoso. Ni tampoco la que triunfa en televisión, burla cruel de las penalidades de freakies y famosillos. La risa sana, la que despeja las vías y masajea el corazón es la risa de los payasos. Acabamos de perder a quien tantas veces nos hizo reír: Tonetti el de la nariz roja, que el otro Tonetti ya se le había adelantado unos cuantos años. Dicen los obituarios que los hermanos Tonetti inventaron para el humor la dualidad del listo y el tonto. Lo reinventaron para el circo, porque viene siendo así desde Plauto y Apuleyo. Pero hasta con estos inventos clásicos pueden los tiempos crispados que vivimos. El listo es cada vez más difícil de identificar.