EL ROMPEOLAS
15 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.«PARA demostrar que el fundamentalista se equivoca, tenemos que saber primero que se equivoca. Tenemos que estar de acuerdo en qué es lo que importa: besarse en público, los bocadillos de jamón, la divergencia de opiniones, la última moda, la literatura, la generosidad, el agua, una distribución más justa de los recursos mundiales, las películas, la música, la libertad de pensamiento, la belleza, el amor. Esas serán nuestras armas», dice Rushdie. Los tiempos son crueles pero, aún así, esta primavera trae perfume a madreselva y a licor. Pienso que nada igualará nunca el impepinable dulzor de lo superfluo, que toda la literatura se reduce a una barra de labios, a un trozo de pastel y una cerveza, que toda la belleza del mundo reside en este marzo descarriado estallando en mil pedazos contra el aire. A veces, lo terrible es el precio de lo hermoso. El pavor, la única manera de aprender a respirar. Por la ventana, Roma se agita como una hoja al viento, los helados siguen estando ricos, los niños crecen y algunas chicas llevan minifalda. En Madrid, hoy, algún jardinero plantará árboles y quizás una señora coja entre en la peluquería renqueando. En Manuel Becerra, dentro de unos minutos, algún vejete saldrá a la calle mirando al cielo por si llueve. Y los taxistas empezarán a circular con precauciones entorno a las cicatrices de la gran ciudad amedrentada. Allá, en la distancia, aún brotan los geranios en los balcones y la basura huele a agrio y siguen llevándose los tops de lentejuelas y alguien tararea a Ricky Martín, en algún autobús rumbo a Vallecas.