ES CURIOSO lo de los yanquis. El que suscribe es de los que piensa que generalizar es malo. Y el maniqueísmo, peor. También a la hora de hablar de un país que es crisol de culturas y bandera de mestizaje. Pero lo cortés no quita lo valiente. Y a mí no me extraña que se pasen la vida entre histerias, hamburguesas y salidas de tono. ¿Suena a tópico? Seguro. Pero tiene que sonar a eso. Los candidatos a la presidencia (esa en la que parece que se la juega todo bicho viviente) se pasaron parte de su juventud en una especie de secta y, dicen, no dudaron en contar sus jugueteos sexuales de adolescencia metidos dentro de un ataúd y en pelotas. ¿Reforzará su carisma? No creo. Y tampoco que sea una gran idea dar luz verde para convertir las salitas de estar en arsenales. Con fusiles y recortadas al lado de la tele. ?No se trata de generalizar. Ya quedó dicho. Pero a veces se lo ganan a pulso. La última la ha liado la tal Oprah Winfrey. Otro tótem marca EE.UU. Una María Teresa Campos a lo bestia (mediáticamente, digo). En su programa no le regaló al público un sándwich para pasar la publicidad. Cada hijo de vecino (276 hijos de 276 vecinos) se llevó a casita un Pontiac G6, el nuevo modelo de la General Motors. O sea, 5,7 millones de euros. De una tacada. Calcular lo que se podría hacer con toda esa pasta en labores humanitarias es tan deprimente como inevitable. ¿Originalidad? ¿Payasada? Ellos sabrán. Pero ojo con el efecto dominó. Con el mimetismo. Que la brillantez se contagia. Pero la estupidez también.