Fútbol: vale todo

LUIS VENTOSO

SOCIEDAD

VIDAS EJEMPLARES

20 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

TIENE 53 tacos y un peinado a lo Elton John antes del injerto, pero le siguen llamando Monchiño, quizá por su 1,59. Trabaja como vendedor en una tienda de piensos. Destaca por su servilismo rastrero ante jefes y clientes y por su mezquindad con su único subordinado: un mozo de almacén antillano al que apoda KitKat . En casa, las cosas van regular. Purita, su mujer, ha expulsado a Monchiño del tálamo conyugal. Dice que ya no soporta sus ronquidos tipo Home Cinema , ni su halitosis Chernobil, ni su costumbre de oír a De la Morena por el pinganillo. Mari Britney, la hija adolescente, hace tiempo que le perdió el respeto a Monchiño. Los viernes, el pater familias intenta deleitarse con Os Tonechos. Pero los raros días en que no se va de botellón, Mary Britney le arrebata el mando: «Dame eso, pringao, que voy poner a Cruz y Raya». Purita apoya la moción: «Hazle caso a la nena, hombre. ¡Y no olvides bajar al perro a mear!». Monchiño es socio. Jamás se pierde un partido. En Preferencia es una leyenda: virilidad a tope. Su compromiso con el equipo es tal que insulta al árbitro con sólo oír su nombre por megafonía. Sus blasfemias contra los mestizos del otro equipo sonrojarían a Adolf Eichmann. Entre grolo y grolo a la pilsen , corrige las decisiones del míster: «¿Pero qué haces?, ¡mamalón!». Al tercer carajillo, inicia su monólogo de cada domingo con el linier: «¡Animal, te voy rajar!».Tras unas cañas furtivas con los amigotes, retorna a casa. «Monchiño, baja a ese perro a mear, ¡ya!». xto