MEDIO FERRADO
21 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.LO SANO, en nuestros tiempos (pretéritos), era pasear por el campo, sentarse contra el tronco de un manzano, coger de la hierba una fruta brillante y madura, quizás con algún agujerito, frotarla un poco en la manga o en la barriga e hincarle el diente. Mucho ojito hoy con hacer eso: puedes ganarte una perforación del fistro y que el seguro privado te niegue la asistencia por andarte con conductas de riesgo. Lo sano, ahora, es un laberinto de Creta. El campo no es lo que era cuando fray Luis de León: hay que mirar debajo de las piedras para verle la certificación ecológica. Si hasta Cristina Narbona está contaminada, con lo aséptico que es Pepe, ya me dirán cómo estaremos los demás. ¿Habrá que ponerle filtro, como a los grifos de casa, a la teta de las últimas madres lactadoras? Es que ni la leche se salva: ahora, al pasar de los cuarenta ya no se puede tomar la que producen las vacas y hay que ir a la leche de soja; pero cuidado, porque la mayor parte de la soja es transgénica, o sea, que lo que ganamos porque no es leche lo perdemos porque no es soja , así que hay que buscar en las instrucciones del cartón, que vienen en alemán, el origen del grano, la calificación urbanística de la finca en que se crió y el pedigrí del teutón que lo exprimió. La vida sana viene definida en la canción que acaba de ganar la mini-Eurovisión: «Antes muerta que sencilla, ¡ay! que sencilla»