25 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

SEIS de la tarde de un día cualquiera. La señora de la casa (o el señor, como prefieran) cose unas rodilleras en el pantalón del chándal del niño mientras ve la tele. En el receptor el testigo de un crimen relata el suceso: -Yo sólo vi cómo se acercaba, le ponía la escopeta delante de la cara y le disparaba. Como me salpicó la sangre en los ojos ya no pude ver más. El niño entra en la habitación: -Mamá, ya acabé los deberes. ¿Puedo jugar con el ordenador? La madre: No, que te aliena La tele: ...El lugar quedó marcado con la macabra mezcla de sesos y sangre de la asesinada... El niño: ¿Qué es alienar? La madre: Atontar. Y a ver si tienes cuidado con el chándal que no soy el Banco de España y no te voy a estar comprando unos pantalones cada mes. La tele: ...Al parecer, la mujer había sido violada en repetidas ocasiones... El niño: ¿Puedo ir a ver Shin Chan a la otra tele? La madre: No, que fomenta el machismo. La tele: ...se pasaba el día en el bar y al volver le daba unas palizas horribles. El niño: ¿qué es machismo? La madre: Uf, niño. Quédate ahí un rato calladito Y el niño se calla, porque mamá ha cambiado de canal y ahora ve a una mujer que se defiende de las acusaciones de prostitución. Media hora más tarde, con las rodilleras bien cosidas, la señora piensa para sí. «Qué vergüenza, no dan más que telebasura».