02 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

HACE YA muchos años, mis tíos Manolo y Amparito me llevaron a ver a Moncho Borrajo, que actuaba en un teatro de A Coruña. En un momento del espectáculo, el histriónico humorista preguntó si había algún catalán entre el público. Un inocente levantó la mano y Moncho le dijo: «¿Sabe usted cuál es la diferencia entre un gallego y un catalán? Pues que el gallego habla en gallego para entenderse y el catalán lo hace en catalán sólo por joder». Por la carcajada general, el chiste debió de gustar a la mayoría, salvo al catalán, a mí e imagino que a algún otro. Tiempo después, un valenciano me paró en Vilagarcía y me preguntó en catalán cómo tenía que hacer para ir a O Grove. Yo le contesté en el gallego más cerrado del que soy capaz y no se enteró de nada. Absurdo ¿no? Pero no tanto como que un diputado de Esquerra Republicana hable en catalán en el Congreso ante un auditorio que, en su mayoría, no le entiende y tiene que esperar a que él mismo traduzca sus palabras al castellano. Del género bobo, vaya. Es tan surrealista como si un madrileño que lleva toda la vida estudiando inglés y conoce a la perfección ese idioma contesta en castellano a un tipo que le pregunta en la lengua de Shakespeare. Lo importante es entenderse y para ello hay que buscar un código que conozcan tanto el emisor como el receptor. Ese el es abc de la teoría de la comunicación. No, si al final va a resultar que Moncho Borrajo tenía un poco de razón. Si siguen así, yo me apunto al esperanto.