Fervor

BLANCA RIESTRA

SOCIEDAD

11 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

SARTRE anunció que el siglo XXI sería religioso o no sería. Y tuvo razón. Apenas comenzado el tercer milenio, unos kamikazes se empotraron, en nombre de Dios, contra las Torres Gemelas de Manhattan. Nosotros creíamos que en Europa las cosas eran distintas. Aquí, ya se sabe, casamos a los homosexuales, nos gusta Woody Allen y nos reproducimos poco. Nos creíamos a salvo, protegidos por nuestro escepticismo, por nuestro sentido del humor, abrigados por nuestra dejadez que en el fondo no es más que sentido práctico. Pero hasta en el alma de los más turbios laten pensamientos virtuosos. Y la virtud, como un revolver en manos de un novato, puede matar. Enciendan la televisión: la virtud apasionada arrecia, llena de osadía, en los estadios, en las plazas, en las escuelas. Es curioso. Últimamente, hasta los cardenales tiemblan atrincherados tras los muros del palacio pontificio ante tanta piedad y tanto rezo. Encontrarse inmerso en este delirio religioso, en este vendaval de signo indefinido, da miedo. La Iglesia, acomodada desde hace tiempo en una tibia situación de tencontén, se ve de pronto objeto de un fervor que levanta remolinos y encabrita. Todo anuncia que lo que ha de venir puede sorprendernos. Y es que el ser humano es un animal lleno de nostalgia de absoluto, la más peligrosa de las nostalgias conocidas. ¿Vendrá la fiebre religiosa acompañada de violencia o de bonanza?