SABINO Garaikoetxea, Xabier Ferreiro y Pere Orriols viven en el País Vasco, en Galicia y en Cataluña. Hablan, además del castellano, lenguas diferentes. Han bebido de fuentes culturales completamente distintas. Ven y entienden el mundo de manera particular. Son muy suyos. Sin embargo, tienen una cosa en común. Bueno, tienen más de una, pero digámoslo así para abreviar. Los tres conocen al dedillo el origen, las tradiciones y todos los pormenores de la Feria de Abril de Sevilla. ¿Y por qué? Pues porque llegado el mes de las lluvias los informativos nacionales les bombardean a los tres con todo tipo de datos e imágenes de la fiesta en cuestión. ¿Por qué tanto interés? ¿A qué viene tanto despliegue? Incomprensible. Sobre todo porque Ramón Espejo, zevillano de pro, no tiene ni idea de las macroenchentas que se organizan en Galicia, País Vasco o Cataluña. Ahí la tele ni aparece. Y no será porque no existan. Aquí, en el fogar de Breogán, haremos mal mil cosas, pero a comer, beber y juerguear no nos gana nadie. El norte está maltratado. Nos ponen de seriotes y huraños y es comentario común que en el sur hay una gracia especial. Parvadas. Cada mes de abril me pasa lo mismo, tras mil y un minutos de informaciones sobre la feria sevillana reconozco que se me atraganta el evento. Que le he cogido manía, vaya. Porque, además, puestos a irse de feria, que por otra parte es muy divertido, todo el mundo sabe que la mejor del mundo es la de Jerez. Ea la grasia .