LA CLONACIÓN humana está en marcha. El Gran Ojo ya no aparece inscrito en un triángulo, sino en el ocular del microscopio; desde allí controla el crecimiento de células de las que extraerá genes sin fallo. A esta nueva rama de la investigación, que no es el método Bokanovsky de «Un mundo feliz», pero se le parece mucho, se oponen los moralistas católicos, como es bien sabido, pero también una corriente igualitaria que, por lo que parece, se compone de gente que ha leído mucha ciencia-ficción. En su opinión, las técnicas de la clonación combinadas con la economía de mercado darán lugar a la divergencia de la humanidad en dos subespecies. Diferencias En unos años, dicen estos agoreros, las clases más pudientes del primer mundo se podrán pagar hijos de diseño vacunados contra el cáncer y el raquitismo, pero también contra las debilidades del espíritu. A base de cheques se les insertarán códigos genéticos gracias a los cuales serán los más guapos y los más listos y estarán libres de debilidades como la prodigalidad, la melancolía o la propensión al cubata. Por falta de medios para pagar al clonador, los hijos de los pobres tendrán que buscarse vida y padrinos, mientras que los otros accederán en un plis-plas a la dirección política y a los empleos ejecutivos. Aunque, bien pensado, no sé si para lograr estos fines será imprescindible la clonación.