Alberto dará el Grimaldi a su hijo

La Voz

SOCIEDAD

LIONEL CIRONNEAU

Hechos y figuras

03 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Desde hace tiempo los monegascos no ganan para sustos. Ayer la noticia de infarto llegó de la mano del semanario francés L¿Express, que reveló que el príncipe Alberto de Mónaco va a reconocer oficialmente como propio el hijo de una ex azafata togolesa, Nicole Coste , que hace dos meses -en pleno luto oficial por la muerte de Rainiero - hizo saltar el escándalo al asegurar que el padre de su retoño no era otro que el codiciado príncipe soltero. La citada publicación alude a un comunicado del Palacio monegasco en el que se explicará que «las convicciones éticas del príncipe le conducen a afrontar sus responsabilidades de reconocer al niño». Pero el propio L¿Express explica que el chaval, Alexandre Eric Stéphane, nacido el 24 de agosto del 2003 en París, fue sometido a una prueba de paternidad en un laboratorio suizo bajo el anonimato del príncipe. La madre logró entonces que Alberto le pasase 10.000 euros mensuales, un todoterreno BMW y una mansión en Villefracnce-sur-Mer, en la Costa Azul, de dos millones de euros. La noticia se comunicará oficialmente este jueves, cuando concluye el luto oficial de tres meses decretado por la muerte de Rainiero, el 5 de abril. La cuestión es que la sucesión sigue abierta. El niño llevará el apellido de la dinastía Grimaldi, pero podría no ser heredero, es decir el reconocimiento de este hijo habido fuera de matrimonio no tendría consecuencias sucesoras en el pequeño Estado. La Constitución precisa que heredarán el trono los «descendientes directos y legítimos». Hasta aquí todo bien, pero hay quien especifica que sólo podrán ser herederos los habidos de un matrimonio civil y católico, y aquí es donde caería el pequeño Alexander. También tiene medios de llegar a ser príncipe heredero, pues el soberano reinante -con la Constitución monegasca en la mano- podría adoptar un niño o niña y adjudicarle todos los derechos de la Corona. Puede que este capítulo esté reservado para aplicar a uno de sus sobrinos -el hijo mayor de Carolina, Andrea , pese a su descontrolada vida-, de ser necesario continuar con la dinastía para que el Principado no caiga en manos de París. Pero el pequeño Alexander no parece que tenga muchas posibilidades de ser entronizado, pues las relaciones de Nicole Coste con el príncipe Alberto no son muy buenas. Ambos se conocieron en 1997 en un vuelo entre París y Niza, en el que ella iba de azafata. La relación funcionó hasta finales del 2002, pero después de haberse enfriado Nicole Coste llamó un día a Alberto para decirle que después de un vuelo a Nueva York había olvidado tomarse la píldora y estaba embarazada. Reconocimiento notarial Alberto vio con frecuencia al niño y de ello hay fotografías que lo prueban: con él en brazos, dándole de comer... Hasta que en diciembre del 2003 en un acto privado ante un notario parisino reconoció al hijo de Coste, con una cláusula de que no se inscribiría en el registro civil hasta la muerte de Rainiero. Nicole Coste no se quedó con copia del documento, que también garantizaba la cuestión económica al pequeño en caso de que Alberto muriese. Tras el fallecimiento de Rainiero y ante el temor de que el heredero se olvidase de sus promesas, Nicole saltó a los medios con su secreto. En concreto, en París Match, el pasado 5 de mayo, con imágenes generosas del trío. Esa publicación fue condenada por la justicia francesa por atentar contra la vida privada y el derecho a la imagen de Alberto de Mónaco, con una multa de 50.000 euros por perjuicio moral y otros 4.000 por gastos. Sin embargo, en ningún momento el fallo judicial habla de difamación. En fin, que cuando el 12 de julio el príncipe Alberto sea entronizado llegará con los deberes hechos: un hijo legítimo. Con el tiempo se sabrá si también heredero. En defensa de Alberto hay que decir que él nunca negó su paternidad y que no ocultó a su chica mientras estuvo con ella. Aunque a decir verdad siempre estuvo rodeado de espectaculares féminas como la mismísima Claudia Schiffer, sin llegar a más..., quizás por eso también se dudó de su masculinidad.