El príncipe Alberto de Mónaco ha preguntado por lo de la ETA a la delegación española que soñaba con un Madrid 2012 y más guapo estaría calladito. ¿Qué le costaba? ¿Es que se olvidó de las veces que se ha tostado al sol como torrezno en las playas españolas? Ha sido una pregunta de la edad de los porqués, de esas impertinentes que suelen hacer los niños en las reuniones sobre los misterios tenebrosos de la familia. No era el sitio ni el momento. A esas alturas de la película, nada más concluir la presentación de la candidatura española y a dos horas escasas de conocerse la ciudad ganadora, con todo el bacalao vendido, va el príncipe Alberto y da donde más duele en el turno de ruegos y puyas. Primero se interesó por la escasa capacidad hotelera de Madrid y después recordó profusamente a los asistentes el atentado perpetrado por ETA, el pasado 25 de junio, en La Peineta. Como si la mano del tiempo aparte de robarle pelo le volviese impertinente. Por no hablar del tono, que no fue el más adecuado. La delegación española lo ha puesto a escurrir. Eso no se hace, esas preguntas no son propias de un jefe de Estado, decían. ?l primer negro de la realeza europea. ¿Por qué lo ha hecho? Sin ánimo de faltar, y menos a un príncipe soltero que a sus 47 años se le va el arroz, puede que su alteza esté tan nervioso que lo mismo le hace un nudo a una baraja como pregunta lo que no debe. La culpa la puede tener la responsabilidad de aportar el primer negro a la realeza europea. Es que resulta que el cabeza de familia de los Grimaldi tuvo una relación de cinco años con Nicole Coste, una azafata de origen togolés de 33 primaveras, y fruto de aquellos fugaces e intensos encuentros nació un niño que hoy tiene 22 meses y se llama Alexandre. La chica se lo contó a la prensa y aportó fotos en las que aparecía el príncipe Alberto abrazado al crío. No es que sean como dos gotas de agua, pero fijándose bien, se les saca parentesco. Así que a Alberto no le quedó otro remedio que reconocerlo. Lo hizo ayer por medio de su abogado, poco antes de quedar mal con España. Eso sí, Alexandre no estará incluido en la línea de sucesión al trono, en aplicación de los principios constitucionales, que prevén que la sucesión de un soberano sólo puede ser asegurada por su hijo legítimo, nacido de un matrimonio civil y religioso. Tampoco llevará el nombre de Grimaldi. Sin embargo, tendrá derecho a la herencia -calculada en 2.000 millones de euros- y al mismo título que los otros hijos del príncipe cuando los tenga. Si los tiene. Las malas lenguas dicen que este crío le viene al príncipe con un pan debajo del brazo, tras los rumores que persiguieron a Alberto a lo largo de su vida sobre su orientación sexual. Ahora está claro que le gustan las mujeres. Tanto, que empiezan a salirle novias hasta debajo de las piedras. El diario británico Mail on Sunday publicó las declaraciones de una estadounidense, Tamara Rotolo, quien afirmó haber tenido en 1992 una hija nacida de una relación con Alberto, al cual conoció en 1991 durante sus vacaciones en Mónaco. Vamos, que al final va a ser un artillero de aúpa. Volviendo al olimpismo, sería injusto culpar al príncipe de Mónaco del fiasco de Madrid. Estuvo mal, pero tampoco vayamos a pensar que nos tenían que preguntar por Carmen Sevilla, el sol, la comida, la juerga, y no por ETA. Perdimos y estamos dolidos. No me lo esperaba. Porque los españoles curramos lo justito, pero cuando nos reunimos, somos los mejores del mundo en arreglar nuestra empresa, dar ideas y proponer negocios. Menos en el fútbol, que cuando nos juntamos no ganamos ni el balón de Nivea, en cuestión de organizar mundiales, olimpiadas y churrascadas no nos gana nadie. Otra vez será.