Gintónic

J. C. ORTIZ

SOCIEDAD

30 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

LAS mujeres han logrado penetrar en el uno de los últimos reductos masculinos de Gran Bretaña. El club tory Scarborough, el mismo que vetó, sin vacilaciones, la entrada hace diecisiete años a la mismísima Margaret Thatcher, ha decidido admitir a socias de pleno derecho. A partir de ahora, ellas también podrán sentarse frente a la barra y degustar los mejores gintónics de la Commonwealth. Los analistas sostienen que detrás de esta pequeña revolución en la familia conservadora se esconde un intento por acercarse a ese electorado de centro fascinado por las evoluciones ideológicas de ese saltimbanqui político llamado Tony Blair. Sin embargo, la decisión tendría que ver con explicaciones mucho más espurias. No se puede mantener saneado un negocio con clientes de más de 70 años dormidos frente al Times en los desvencijados sofás de cuero negro de la sala de fumadores. Y es que la dinámica del mercado es la vacuna perfecta para inocular un poco de sentido común hasta en los rancios templos del gintónic. Miren si no el caso del cava catalán. Cualquier exabrupto nacionalista es atajado ipso facto por la patronal de los vinos espumosos con una llamada a la tranquilidad ante el temor a una cancelación de una decena de cajas de cava en Cuenca. Hay que ir a lo práctico. Como cuando le recordaron a la Thatcher eso del sólo para hombres al pedir el ingreso en el Scarborough. No protestó. Aborrecía el gintónic, lo suyo era el whisky.