?lega la cuesta de enero y, ¡oh, paradojas de la vida!, también se pone en escena el mayor despliegue de glamur del mundo de la moda en la pasarela de la alta costura de París. Y las imágenes que llegan de unos lugares y de otros hacen pensar que los gurús siguen siendo los más grandes, los de siempre, aunque en los tiempos que corren hasta Victoria Adams de Beckham pueda abrir una pasarela. Pero parece que la ciudad de París sigue teniendo luz propia. Ayer, en su segunda jornada, después de que en la inauguración Galliano diera un aire gótico a su puesta en escena, Sirop, Lagerfeld y, sobre todo, Lacroix convirtieron la pasarela en un gran escenario. El francés Sirop se lanzó a la piscina con un aire de película años cuarenta. Casi siempre con escotes palabra de honor, con la pechera marcada y faldas largas y de corte recto se pudo retroceder felizmente en el tiempo. También viajo atrás Lacroix. No hace falta que jure que es un enamorado del teatro y de la ópera, un campo en el que precisamente empezó a hacer sus pinitos como diseñador y responsable del vestuario. En la colección que presentó ayer se ven se toda esa influencia, con mujeres ultrafemeninas, algo anticuadas que recuerdan más que a damas a hadas de un bosque encantado. Lagerfeld para Chanel volvió sacar de la chistera su mágica combinación de blanco y negro con la que siempre acierta. Pero esta vez lo llenó de puntillas, lazos, tules y organzas y convirtió a las modelos en espectros. Maravillosos pero pálidos espectros. Y no fue una aparición, pero en primera fila entre el público estaba ella, Victoria Adams.