Zaragoza ha sabido aprovechar su estratégica localización para atraer importantes empresas y apostar al mismo tiempo por un modelo de innovación y sostenibilidad
06 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Cuando estudiábamos o explicábamos la teoría de la localización un modelo de obligada referencia era el triángulo de Weber, y recuerdo que el ejemplo de clase más evidente era el de Zaragoza, cuya localización estratégica en el vértice del triángulo del desarrollo español sirvió de base ya en 1964 para crear uno de los polos de desarrollo más dinámicos de España. Más tarde, el triángulo estratégico había experimentado interesantes modificaciones, por cuanto el declive industrial vasco se había compensado con el auge del eje mediterráneo levantino. Por eso, los expertos que decidieron la ubicación de la General Motors, que el Gobierno central quería localizar en Cádiz para hacer frente al problema del cierre de los astilleros, apostaron por Zaragoza como única ubicación viable. La planta de Figueruelas generó un importante impulso en el crecimiento de la ciudad y lo atrajo en la dirección de la planta, expandiendo la mancha urbana fuera del extensísimo municipio zaragozano. Durante los años siguientes la capital aragonesa siguió acumulando la mayor parte de las energías regionales, para acumular en la capital más del 65% de la población aragonesa, con un claro ejemplo de desequilibrio territorial, pero con el reforzamiento de la masa crítica urbana. Rehabilitación centro La ciudad en las últimas décadas del siglo XX acometió operaciones de rehabilitación y reforma interior del centro histórico y de las áreas centrales, con resultados ajustados sólo en su parte oriental; así como la creación de un nuevo recinto ferial y de congresos, un auditorio y todos lo equipamientos que una ciudad de este tipo requiere. Habría que esperar a la llegada del Ave para que una iniciativa ya anteriormente anunciada se plasmara en 1998 en el proyecto de un gran centro logístico en torno a la nueva estación. El primer paso se había dado cuando se creó la plataforma logística Plaza en el entorno del aeropuerto, pero la actuación definitiva fue la de la estación, y se gestionó una tercera plataforma. Todo ello supuso un nuevo reactivo para una ciudad que ve con preocupación el futuro de su importante industria automovilística. La primera parte del Plaza se localizó en torno a la espectacular estación del Ave, y se completó con una segunda plataforma ubicada cerca del aeropuerto, cada vez más debilitado por la competencia del Ave, y convertido en una terminal de bajo coste, una debilidad que la ciudad espera también recuperar a través del proyecto logístico. Esta plataforma ha atraído importantes empresas de distribución, como Inditex o Azkar, ambas de capital coruñés, pero también empresas de tecnología e innovación, un nuevo activo para incorporar la economía urbana a la sociedad tecnológica del futuro. Esta idea sirvió además para potenciar los objetivos del plan estratégico de la ciudad que pretendía hacer de la capital del Ebro una ciudad innovadora y sostenible. Iniciativas como la Milla Digital y la Exposición Internacional del 2008, con el agua y el desarrollo sostenible como protagonistas, pueden ser las palancas para que Zaragoza se transforme en una ciudad avanzada en la tecnología y el conocimiento, lo que todas las ciudades persiguen en este momento. Ave Por otro lado, la llegada del Ave y la Exposición, que se instalará en la isla fluvial de Ranillas, supondrá una gran transformación urbanística por cuanto, por primera vez en su historia desde la Cesaraugusta romana, el río dejará de ser un elemento marginal para convertirse en el eje de la nueva ciudad. Un río con un cauce navegable, con nuevos puentes, con desarrollos residenciales sostenibles en los márgenes, con jardines temáticos, con instalaciones deportivas, auditorio, Museo del Agua, centro internacional de estudio e investigación sobre el agua, y con grandes espacios verdes y de ocio rodeando al río. Todo ello hará que la ciudad deje de dar la espalda al Ebro para convertirlo en el emblema de la nueva urbe. Un recinto en el que los mismos edificios están cubiertos de verde para que se pueda caminar sobre ellos y para remarcar la integración del urbanismo y la arquitectura con el agua y el paisaje. Al menos es lo que se pretende. No deja de ser paradójico que una ciudad situada en un entorno subárido e incluso desértico en algunos sectores encuentre en el agua un valor sobre el que asentar su futuro, un futuro en el que el agua adquirirá el valor de un bien escaso y estratégico si la tendencia del cambio climático evoluciona como parece. Una buena entrada para una ciudad del tercer milenio.