Las nubes

SOCIEDAD

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31 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

A PARTIR de hoy, enjaulados en nuestros edificios con aire acondicionado, el verano lo veremos sólo por la tele, cuando les dé por enfocar una de esas playas cubiertas de rostros pálidos tostándose sobre la arena en plan profesional, a ver qué guiri es el más rápido en ingresar en el hospital con quemaduras de primer grado en la chepa. A estos blancos del norte no los hidratas ni con cinco litros de birra por barba. Es lo que tienen. Eso de la playa atestada y el sol peleón sobre la nuca era el verano, que ahora se nos escurre entre los dedos y que nos deja en el paladar un extraño y amargo sabor como de vuelta al cole, como si tuviésemos que sentarnos otra vez delante de un pupitre y ponernos a hacer diagramas y fichas, o lo que demonios hagan los niños en la escuela, justo el día en que nos hemos olvidado la cartera en casa. El verano en Galicia llegó con el humilde perfume de la sardina y se nos va apestando a leña chamuscada y tierra caliente. Menos mal que en un par de semanas nos habremos olvidado de esa extraña costumbre de andar medio despelotados por la arena. Levantaremos la vista al cielo y descubriremos la habitual montaña de nubes sobre el mar. Mediado septiembre, este mes con nombre de película de Woody Allen, ya no sabremos si el mar refleja el gris de las nubes o si es al revés. Al final va a resultar que el mar es gris y que las nubes se tiñen por imitación. Al mar se le plagia mucho, sobre todo en esta esquina del fin del mundo. Igual las nubes que nos mantienen al fresco son un reflejo de los bosques de algas del Atlántico, que es un océano muy peludo.